Habría un nuevo sentido de “misión compartida”, en la cual lo que más resalta no es lo carismático y peculiar del instituto, sino la “misión eclesial” en cuanto tal, o incluso la “misión”.
Habría un nuevo sentido de “misión compartida”, en la cual lo que más resalta no es lo carismático y peculiar del instituto, sino la “misión eclesial” en cuanto tal, o incluso la “misión”.
Solo en éstos últimos años hemos comenzado a hablar de “misión compartida”. Esta nueva perspectiva no es una mera ocurrencia. Tiene su sentido. Nos preguntamos, entonces, ¿a qué se debe este nuevo adjetivo? ¿Qué hace necesaria esta forma de hablar?
La vida consagrada debe estar alerta para descubrir y acoger las innovaciones, los frutos de la creatividad humana. Sobre todo, le interesa, la socialización de los avances para que no queden únicamente en manos de los poderosos.
Lo que cambia no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo: seguimos enviando cartas, pero ahora lo llamamos “emails”. Seguimos escribiendo, pero ahora lo hacemos no con la pluma, o la máquina de escribir, sino con el ordenador.
Analizamos el impacto de la sociedad de la información. Descubre el papel de los profetas ante el cambio digital. ¡Lee más aquí!
En su misión pastoral la Iglesia ha ido emanando documentos que nos han ido acompañando en el gran proceso de mundialización en que nos hemos visto envueltos en estos últimos años: nos han planteado valores y también reservas morales.
Seguimos reflexionando sobre la Nueva Evangelización a partir del Instrumento de Trabajo. Los que vamos a sintetizar ahora son capítulos densos, un poco pesados. Da la impresión de que todo es convocado a la hora de la nueva evangelización.
Tal vez el principal problema de la “nueva evangelización” -cuyo significado hemos tratado de discernir en la anterior reflexión- no sea la situación en que se encuentra hoy el ser humano, que no pertenece a la Iglesia, sino que somos nosotros mismos, los creyentes.
Ya disponemos del Instrumento de trabajo del próximo Sínodo sobre la Nueva Evangelización y la transmisión de la fe. Se trata de un extenso documento de 169 números, dividido en un prefacio, una introducción, cuatro capítulos y una conclusión.
Debemos dar pasos más decididos en la eclesiología de la inclusión, que es el nombre que traduce mejor “lo católico”, porque una iglesia que ex-cluye pierde la tensión hacia la catolicidad.
Con mucha frecuencia nos dirigimos a María con la tradicional “Salve Regina” o “Dios te salve, reina y madre de misericordia”. La costumbre y el ritmo del rezo nos impiden descubrir la magia que esta plegaria contiene.