En este análisis sobre la vida religiosa y las nuevas tecnologías, se explora el papel de la Iglesia como profecía dentro de la sociedad de la información. A través de un enfoque antropológico y teológico, el autor cuestiona si la vida consagrada ha logrado integrarse en el nuevo paradigma de la comunicación digital y el conocimiento compartido, proponiendo una visión centrada en la persona y el compromiso evangélico.
En su misión pastoral la Iglesia ha ido emanando documentos que nos han ido acompañando en el gran proceso de mundialización en que nos hemos visto envueltos en estos últimos años: nos han planteado valores y también reservas morales. Ya en el año 1971, la instrucción pastoral “Communio et Progressio” se planteaba lo siguiente:
“Surge aquí el difícil interrogante de si estamos en el umbral y comienzo de una era totalmente nueva en las comunicaciones sociales, y asimismo de si se trata de unas comunicaciones que influyen no tanto cuantitativa como cualitativamente. Cada vez resulta más difícil responder a esta cuestión”.
En su mensaje para la 43 jornada mundial de las comunicaciones sociales el Papa Benedicto XVI reconocía que: “las nuevas tecnologías digitales están provocando hondas transformaciones en los modelos de comunicación y en las relaciones humanas” y pedía promover una cultura de respeto, diálogo y amistad.
Mi reflexión sobre la vida religiosa como profecía en la sociedad de la información quiere situarse en ese mismo contexto positivo y desea pedirle a la vida consagrada que no renuncie a la visión apocalíptica cristiana, a la visión desde la cual es posible llevar adelante los procesos históricos sin excesivos miedos al imperio de las Bestias. Porque al fin y al cabo, la victoria será del que está sentado en el Trono y del Cordero. Lo que adviene, es decir, la sociedad de la información y del conocimiento, ¿no tendrá que ver con el descenso de la nueva Jerusalén?
Cuatro serán los verbos que marcarán el iter de mi reflexión: enfocar, ver, discernir, proyectar. En este artículo voy a centrarme únicamente en el primero: Enfocar.
La Vida Religiosa, profecía en la nueva sociedad de la información
Para enfocar bien el tema, desearía responder a dos cuestiones previas: ¿es adecuado definir la nueva sociedad como sociedad de la información? Y la segunda cuestión: ¿hemos entrado realmente los religiosos y religiosas en ella? Solo después podremos preguntarnos si en ella somos profecía.
¿Cómo denominar esta nueva sociedad?
Entre los muchos nombres con los que podemos nombrar a nuestra sociedad, hay algunos que el uso político impone: sociedad de la información, del conocimiento, de la comunicación, de los saberes compartidos, aldea global. Se ve, enseguida, que una realidad tan compleja, es descrita utilizando la parte por el todo, una dimensión por la totalidad.
| Concepto | Característica Principal |
| Información | Acumulación y tratamiento de datos dispares. |
| Conocimiento | Procesos de pensamiento, comprensión y saber enriquecido. |
De hecho no es lo mismo información que conocimiento. En todo caso, es claro que estamos en un tiempo en el cual se acumula la información sobre las realidades más dispares, en el cual es posible enriquecer notabilísimamente el conocimiento y el saber. Ese es el mayor poder del que dispone hoy el ser humano y las sociedades.
La expresión “sociedad de la información” se ha impuesto sobre otras. Quedó consagrada en la cumbre mundial sobre la sociedad de la información que tuvo lugar en Ginebra el año 2003. El documento final se titulaba “Construir la sociedad de la información: un desafío global para el nuevo milenio”. Objetivo de la Cumbre era llegar a compartir la misma visión sobre la “sociedad de la información”. Pero no se redujeron a esta simple expresión: la enriquecieron con otras perspectivas. Hablaron también de la “sociedad del conocimiento y de la comunicación”, e incluso introdujeron el plural “sociedades”.
Surgieron, no obstante, en aquella cumbre dos formas contrapuestas de entender la sociedad de la información:
- Tecnocéntrica: Enfocada en la herramienta y la infraestructura.
- Antropocéntrica: Centrada en la persona y el desarrollo humano.
La Declaración de principios de la cumbre, en su primer artículo, se decantó por la antropocéntrica:
“Nosotros (…) declaramos nuestro deseo y compromiso comunes de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento…”
Se pusieron, pues, a favor de una información incluyente y equitativa. Esta es la visión. Este es el sueño. Este es el planteamiento adecuado. Pero ¿es esa la realidad?
¿Hemos entrado de verdad en ella, como religiosos y portadores de profecía?
Cuando hablamos de la vida religiosa, profecía en la sociedad de la información y de la comunicación, no debemos suponer que todos los religiosos y religiosas estamos ya en ella. Y quienes han entrado disponen todavía de una experiencia muy limitada.
Todos somos testigos del recelo con que se han visto los medios de comunicación dentro de la vida religiosa en tiempos pasados. ¿Qué nueva invención tecnológica no ha encontrado prohibición y freno entre nosotros?
- Periódicos y literatura “profana”.
- Radio, cine y TV.
- Teléfono, móvil y fax.
- Internet, correo electrónico y redes sociales.
Se ha pensado que la vida religiosa debía ser “otra cosa” y permanecer lo más posible aislada de ese torrente informativo. La versión actual de la famosa “fuga mundi”, tendría mucho que ver con el alejamiento de la sociedad mediática y digital.
La integración en la sociedad de la información debe marcar la identidad de nuestra forma de vida. No se trata de un mero aggiornamento; se trata de asumir un nuevo paradigma a la hora de entender al ser humano. La sociedad de la información y el conocimiento modifica nuestra comprensión de la identidad humana, de nuestra forma de ser en el mundo, en el espacio y en el tiempo, de nuestra misión y vocación.
Lo que vamos a reflexionar es una seria cuestión antropológica y teológica. El ser humano dispone hoy de impresionantes extensiones de su cuerpo y personalidad (Marshall McLuhan). No solamente hay que decir, como Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”, sino “yo soy yo y mi entorno tecnológico y mediático”.
Ante esta nueva situación y paradigma, ¿qué podemos decir sobre la vida religiosa como profecía, sin pecar de ingenuos, de simplistas, sin arrogarnos medallas que no nos competen?
Nosotros, como creyentes y seguidores de Jesús, sabemos que existe una tensión permanente entre el Reino de Dios y el anti-reino, entre el Cordero y las Bestias. Y debemos definir muy bien en nuestra vida, de parte de quién estamos. La profecía apocalíptica se hace presente no solo en la Iglesia, también en otros movimientos llevados por el Espíritu.
Por eso, mis reflexiones tratarán no de dar respuestas, sino de plantear cuestiones que deberemos ir reflexionando poco a poco entre todos. ¿Somos o seremos algún día profetas en la sociedad de la información y del conocimiento?
Conclusión
El autor nos invita a un discernimiento profundo sobre nuestra presencia en la era digital. No basta con usar las herramientas; es imperativo entender cómo estas transforman nuestra antropología y nuestra misión. La vida religiosa no puede ser ajena a la sociedad de la información si desea mantener su carácter profético, pasando de un recelo histórico a una integración crítica y humanizadora.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuál es la diferencia entre sociedad de la información y del conocimiento?
La información se refiere a la acumulación y disponibilidad de datos, mientras que el conocimiento implica procesar, comprender y aplicar esa información para generar procesos de pensamiento creativo y crítico.
¿Qué es la visión antropocéntrica de la tecnología?
Es un enfoque que sitúa a la persona humana en el centro del desarrollo tecnológico, promoviendo que la información sea incluyente, equitativa y esté orientada al desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida.
¿Por qué existe resistencia en la vida religiosa hacia los nuevos medios?
Históricamente, se ha asociado la espiritualidad con la fuga mundi (huida del mundo) para evitar distracciones. Sin embargo, el autor propone que la identidad religiosa actual debe integrar el entorno tecnológico como una extensión de la propia persona y misión.
¿Qué documentos de la Iglesia mencionan la comunicación social?
Se destacan la encíclica «Miranda prorsus», el decreto conciliar «Inter mirifica» y la instrucción pastoral «Communio et Progressio», que marcan la evolución del pensamiento eclesial hacia una postura más positiva y abierta.




