No sólo evangeliza, sino que ejerce la medicina entre los más pobres de los pobres, en la República Democrática del Congo, país de enormes riquezas naturales y, por lo mismo, de endémicos conflictos de gran violencia en el corazón del África negra.
No sólo evangeliza, sino que ejerce la medicina entre los más pobres de los pobres, en la República Democrática del Congo, país de enormes riquezas naturales y, por lo mismo, de endémicos conflictos de gran violencia en el corazón del África negra.
La vida consagrada debe estar alerta para descubrir y acoger las innovaciones, los frutos de la creatividad humana. Sobre todo, le interesa, la socialización de los avances para que no queden únicamente en manos de los poderosos.
Hace poco otro claretiano, éste gran amigo mío, dejó el sacerdocio. Como siempre fue muy doloroso para todos. Como suele suceder, hubo comentarios diversos al respecto. Y, entre otras, escuché una frase que me desconcertó. Alguien interpretó esa salida diciendo: "Eso es muy humano".
Lo que cambia no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo: seguimos enviando cartas, pero ahora lo llamamos “emails”. Seguimos escribiendo, pero ahora lo hacemos no con la pluma, o la máquina de escribir, sino con el ordenador.
Analizamos el impacto de la sociedad de la información. Descubre el papel de los profetas ante el cambio digital. ¡Lee más aquí!
En su misión pastoral la Iglesia ha ido emanando documentos que nos han ido acompañando en el gran proceso de mundialización en que nos hemos visto envueltos en estos últimos años: nos han planteado valores y también reservas morales.
Somos invitados en este encuentro a orar juntos. Y a orar bien. Tal vez la oración sea nuestra única fuerza, el único instrumento de que disponemos para mejorar cosas y hacer posible lo imposible. La vida de cada uno de nosotros y las de los hermanos y hermanas a quienes servimos son el campo donde el buen Sembrador siembra simientes de vida y santidad.
A los cien años de su primer aliento en Skopje (Macedonia), siquiera una fugaz mención de la santa de Calcuta que nunca muere, cien años de ternura y una breve loa a tan colosal ejemplo.
Habría un nuevo sentido de “misión compartida”, en la cual lo que más resalta no es lo carismático y peculiar del instituto, sino la “misión eclesial” en cuanto tal, o incluso la “misión”.
Solo en éstos últimos años hemos comenzado a hablar de “misión compartida”. Esta nueva perspectiva no es una mera ocurrencia. Tiene su sentido. Nos preguntamos, entonces, ¿a qué se debe este nuevo adjetivo? ¿Qué hace necesaria esta forma de hablar?
Si nadie reacciona antes estos artículos y dedica unos minutos a conocer las maravillas de la Vida Consagrada, quedaré decepcionado. Pero seguiré haciendo sonar mi pobre violín, para que “todos” conozcan lo que son y significan en la Iglesia sus hermanos religiosos.