Todos nosotros tenemos nuestros propios Viernes Santos y no están desconectados de lo que sucedió en el Calvario hace dos mil años.
Todos nosotros tenemos nuestros propios Viernes Santos y no están desconectados de lo que sucedió en el Calvario hace dos mil años.
Cuando matamos no lo hacemos con arma de fuego. Perpetramos el asesinato con pensamientos, sentimientos y palabras.
Lo que los evangelios y Jesús subrayan es su soledad moral, el hecho de que él se sentía solo, traicionado, humillado.
Para creer realmente que Dios nos ama incondicionalmente, primero tenemos que matar unos cuantos ‘cananeos’.
La imagen que tenemos de nosotros mismos es demasiado frágil como para permitirnos hacer nada realmente grande.
Para llegar propiamente a la Pascua, tiene que haber primero un tiempo de desierto, cenizas, tristeza y llanto.
A nosotros, como cristianos, se nos pide cargar con una tensión muy real por lo que respecta al modo cómo entendemos la salvación de los no-cristianos, ya que tenemos dos enseñanzas aparentemente en conflicto dentro mismo de nuestras Escrituras y nuestra Tradición.
Como columnista, siempre he albergado una cierta monomanía sobre ser demasiado personal o exhibicionista en mis escritos… Sin embargo, de vez en cuando las circunstancias me dictan que debo escribir algo más personal, sobre mí mismo. Ésta es una de esas ocasiones.
El famoso sacerdote y escritor espiritual Henri Nouwen solía publicar páginas de su diario bajo el título “Guardando Luto y Bailando”. El título era completamente apropiado, ya que en su diario relataba mucho de su propio esfuerzo por expresar públicamente lo que bullía en su interior y, al mismo tiempo, por respetar una autoconciencia y reticencia muy sensibles, que le hacían dudar de expresar en público esos mismos sentimientos.
Cuando chiquito crecí con fuertes raíces conservadoras, católico-romanas: Con el catecismo de Baltimore, la misa en latín, el rosario diario, la misa diaria a ser posible y una rica sarta de prácticas devocionales. Y eso fue un don por el que estoy profundamente agradecido.
“Cuando entra la gracia, no hay opción – los humanos deben bailar”. El excelente poeta y ensayista W.H. Auden escribió esas palabras; y suenan tan bien que ojalá fueran verdad.