Con frecuencia encontramos dentro de los círculos eclesiales más ira y quejas que alegría.
Con frecuencia encontramos dentro de los círculos eclesiales más ira y quejas que alegría.
¿Cómo puede existir un Dios todopoderoso y supercariñoso si hay tanto sufrimiento y tanto mal en nuestro mundo?
El amor es dulce y agradable solamente para los que ya son santos y para los que son peligrosamente ingenuos.
Si nos vemos forzados a ocultar algo, entonces no nos sentimos a gusto y bien.
No paramos de quemar brujas porque dejamos de leer la Escritura. Más bien, paramos de quemar brujas porque seguimos leyendo la Escritura.
¿Cómo podemos hacer esto? ¡Cómo podemos “des-aprender” o anular nuestra sofisticación y cancelar el hecho de que somos adultos? ¿Qué tipo de viaje como de recreo puede volver virgen a un corazón?
Hoy en día, tanto en la sociedad como en las iglesias, nos resulta cada vez más difícil resolver nuestras diferencias, ya que nuestras conversaciones son disparos a matar sin civismo, insultos, difamación y falta de respeto.
¡Nadie logra ir al cielo sin una carta de recomendación de los pobres! Es ésta una cita atribuida a James Forbes, un Pastor protestante de Nueva York, que capta maravillosamente algo que los profetas antiguos de Israel resaltaron hace muchos siglos.
Cuando nos sentimos extremadamente pobres con respecto a nuestra fe y a nuestras seguridades religiosas, Dios puede finalmente comenzar a moldearnos a su imagen y semejanza y desembocar en nuestra vida, puro y sin mancha.
Recientemente un amigo mío asistió a un funeral de un hombre que había dispuesto de su propia vida suicidándose. Al final del servicio religioso el hermano del finado habló a la asamblea cristiana.
Conozco ahora de modo existencial que la vida es frágil, que la salud es algo precioso y que tiene que apreciarse en vez de tomarla a la ligera. La fe y la esperanza están entrando a raudales en mi vida como nunca anteriormente