En el exilio

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Como cristianos, creemos que llevamos la imagen de Dios en nosotros y esta es nuestra más profunda realidad. Hemos sido creados a imagen de Dios. Pero concebimos esta imagen de una forma demasiado ingenua, romantica y piadosa. Imaginamos que en algún lugar dentro de nosotros hay un bello icono de Dios estampado en nuestras almas. Puede ser, pero Dios, tal y como afirma la Escritura, es más que un icono. Dios es fuego -libre, infinito, inefable, incontenible. (Ron Rolheiser, OMI)
El Anhelo de la Soledad

El Anhelo de la Soledad

Hace ochocientos años, el poeta, Rumí escribió: Lo que quiero es saltar fuera de esta personalidad y después sentarme aparte.  He vivido demasiado tiempo en donde puedo estar accesible.

La Vida impulsada místicamente

La Vida impulsada místicamente

Misticismo es una palabra exótica.  Pocos de nosotros relacionamos el misticismo con la vida ordinaria, especialmente con nuestra propia experiencia. Sin embargo, el misticismo no es extraordinario, anormal, ó extraño, sino una importante experiencia ordinaria que se nos da a todos nosotros.

Día del Padre

Día del Padre

Cada año celebramos el “día del Padre,” un día en el que se nos invita de expresar la gratitud que deberíamos sentir hacia nuestros propios padres.

Más allá de los malos hábitos

Más allá de los malos hábitos

Si somos honestos, sabemos que lo que las palabras de San Pablo: “lo bueno que quiero hacer, nunca lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago”, son universalmente verdaderas.  Nadie es perfecto, santo de cabo a rabo.

«¡Siempre Hay Algo!»

«¡Siempre Hay Algo!»

Una amiga dice en tono de broma que cuando se muera quiere este epitafio en su lápida: ¡Siempre hay algo! ¡Y siempre lo hay!

Una Grieta en Nuestra Jarra

Una Grieta en Nuestra Jarra

Hay una frase de Leonard Cohen muy citada que sugiere que el lugar donde nos rompemos es también el lugar donde empieza nuestra redención: en todo hay grietas, así es como entra la luz.

La Nueva Evangelización

La Nueva Evangelización

Recientemente, una nueva expresión se ha abierto camino en nuestro vocabulario teológico y eclesial. Hay mucho de que hablar hoy acerca de la Nueva Evangelización.

El poder de la debilidad.

El poder de la debilidad.

Queremos el poder divino en el hierro, los músculos, las armas y el carisma. Pero este no es el camino donde se encuentran la intimidad, la paz  y Dios.

¿ Qúe significa “nacer de nuevo”?

¿ Qúe significa “nacer de nuevo”?

 ¿Qué significa “nacer de nuevo” o “nacer de lo alto”? Si eres evangélico o baptista ya habrás respondido por ti mismo. Pero si eres un católico o perteneces a la corriente principal del protestantismo entonces la frase no forma parte habitual de tu vocabulario espiritual y, además, podría connotar para ti un cierto fundamentalismo bíblico que te confunde.

El dedo de Dios en nuestras vidas

El dedo de Dios en nuestras vidas

El problema en el mundo y en las iglesias -sugiere Jim Wallis- es que, constantemente, los conservadores se equivocan, y los liberales (por sobre- reacción a los conservadores) entonces no lo hacen de ninguna manera.

Se requiere: Estilos particulares de santos

Se requiere: Estilos particulares de santos

Simone Weil comentó una vez que hoy no vale ser simplemente santo; más bien “debemos profesar la santidad que demanda el momento presente”. Tiene razón en esa segunda premisa; necesitamos santos cuyas virtudes digan algo a los tiempos.

Un nuevo libro importante

Un nuevo libro importante

Cada año, escribo una columna compartiendo con los lectores el título y una breve sinopsis de los diez libros que más me impresionaron ese año. Ocasionalmente, sin embargo, juzgo que un libro es suficientemente excepcional como para merecer su propia columna. El nuevo libro de Robert Ellsberg Un Evangelio viviente: leyendo la historia de Dios en vidas santas es un libro así.

La pérdida del cielo y el temor al infierno

La pérdida del cielo y el temor al infierno

Mientras crecía como católico romano, al igual que el resto de mi generación, me enseñaron una oración llamada Acto de contrición. En aquel momento, todo católico tenía que memorizarlo y recitarlo durante o después de la confesión. La oración comenzaba de esta manera: Oh, Dios mío, me pesa de haberos ofendido y detesto todos mis pecados porque temo la pérdida del cielo y las penas del infierno. …