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El combate espiritual

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) -

La literatura espiritual ha destacado siempre la primordial lucha entre el bien y el mal, y esto ha sido entendido generalmente como una guerra, una batalla espiritual. Así, como cristianos, nos han advertido de que debemos estar vigilantes contra los poderes de Satanás y otras varias fuerzas del mal. Y hemos hecho la guerra a estos poderes no precisamente con la oración y la vigilancia moral privada sino con todo, desde el agua bendita hasta los exorcismos, la evitación dogmática de todo lo que hacer con lo oculto, los fenómenos paranormales, la alquimia, la astrología, el espiritualismo, las sesiones de espiritismo, la brujería, la hechicería y los tableros espiritistas. Para los cristianos, estos eran vistos como peligrosas situaciones a través de las cuales los espíritus malévolos podían entrar en nuestras vidas y hacernos daño.

De modo parecido, la escritura nos avisa sobre estas cosas. Nos dice que para que el mundo venga a su recapitulación y cumplimiento,  primeramente Cristo debe triunfar sobre todos los poderes que se oponen a Dios. Y, para que suceda esto, Cristo primero tiene que derrotar y destruir la muerte, las tinieblas, el mal, los poderes del infierno, los poderes de Satanás y varios “tronos, dominaciones, principados y potestades”.

¿Cuáles son, concretamente, esos poderes y cómo Cristo está, finalmente, para  triunfar sobre ellos? ¿Cómo podríamos concebir la batalla que está teniendo lugar?

Aclaramos más sobre el modo como la muerte será vencida: Nosotros creemos que la resurrección -la de Jesús y la nuestra propia- es como esa batalla debe ser ganada. En cuanto a Satanás y al infierno, cada uno de nosotros tiene su propia idea de lo que son, pero lo que compartimos en común como cristianos es la creencia de que estos no serán derrotados sino que continuarán existiendo en adelante y opuestos a Dios y al cielo por toda la eternidad. Esa es la común creencia cristiana, aunque no la universal. Siempre ha habido teólogos y místicos que creyeron que el triunfo total de Cristo ocurrirá cuando Satanás mismo se convierta y vuelva al cielo junto con todos los demás que están en el infierno. El amor de Dios -creen ellos- es tan poderoso que, al final, nadie, ni el mismo Satanás,  podrá contra él. Eventualmente, el amor ganará la voluntad de todos, y Cristo triunfará completamente cuando el infierno esté vacío.

Pero aún nos queda lo que la escritura llama “tronos, dominaciones, principados y potestades”. ¿Son estos, simplemente, otro modo de referirse a Satanás y sus poderes? ¿O se refieren estos a las  fuerzas espirituales que muchos creen están escondidas en lo oculto, la alquimia, la astrología, el espiritualismo, el espiritismo, la brujería, la hechicería y los tableros espiritistas? ¿Cómo podríamos conceptualizar las fuerzas espirituales malas?

En la medida en que no las desechamos considerándolas como  puramente místicas, todos las conceptualizamos de algún modo, normalmente en las imágenes gráficas dadas a nosotros en el Libro de la Revelación y por cientos de artistas cristianos. Y así, concebimos cierta clase de combate espiritual que sucede bajo la superficie de las cosas, una batalla espiritual entre el bien y el mal, un combate donde, eventualmente, Cristo triunfará  venciendo y destruyendo todos esos poderes malévolos, semejante a la primitiva batalla donde Miguel, el Arcángel, venció a Satanás y lo arrojó fuera del cielo.

Pero estas son imágenes arquetípicas, no expresadas para ser entendidas literalmente sino dichas más bien para señalarnos hacia algo más profundo. ¿Qué son, de hecho, los “tronos, dominaciones, principados y potestades” que están oponiéndose a Cristo y cómo van a ser vencidos? ¿Cómo podríamos conceptualizar el combate espiritual que continúa bajo la superficie de las cosas?

El combate espiritual que se describe en la escritura y en toda la auténtica espiritualidad tiene que hacer con lo oculto y los exorcismos menos de lo que tiene que hacer la maligna seducción del narcisismo, la avaricia, la ira, la amargura, el odio, la codicia, el agravio, el resentimiento y la ignorancia. Estos son los verdaderos “tronos, dominaciones, principados y potestades” que se oponen a Cristo, y la lucha contra ellos es la verdadera batalla entre el bien y el mal.

El auténtico combate espiritual se debe describir así: Dentro de nuestro mundo y dentro de cada uno de nosotros se lleva a cabo una feroz batalla, una guerra entre el bien y el mal; y estos son los contrincantes: el odio es amor combatiente; la ira es paciencia combatiente; la avaricia es generosidad combatiente; la amargura es gracia combatiente; la celosía es admiración combatiente; la opción por permanecer dentro de nuestros agravios es salud combatiente; aferrarse a los resentimientos es perdón combatiente; el ego y el narcisismo son compasión y comunidad combatientes; y el odio a sí mismo está en una amarga batalla con la aceptación del amor y el incondicional abrazo de Dios. La paranoia está  sosteniendo una guerra contra la metanoia. Esa es la verdadera guerra que continúa, en nuestro mundo y dentro de cada uno de nosotros.

Odio, ira, paranoia, avaricia, amargura, codicia, celosía, negación del perdón y odio a sí mismo son los “tronos, dominaciones, principados y potestades” de los que la escritura nos avisa. De aquí que el triunfo final de Cristo ocurrirá cuando la última de estas fuerzas sea eventualmente sojuzgada, cuando estemos finalmente en paz con la bondad, con el amor, con la confianza, con nosotros mismos, con los demás, con nuestra historia, con nuestros errores, con los que nos ha hecho daño, con aquellos a quienes hemos perjudicado, con nuestros defectos y con nuestra impaciencia con Dios.

Mientras tanto, habrá combate espiritual, primordiales batallas, por todo nuestro alrededor.

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icono comentarios 6 comentarios

Comentarios

Martha Martha
el 18/11/14
Tratando de entender bien este articulo, me he pregun
tado, sera que nuestro Senor al crearnos ha incluido la
idea de que existen males ocultos, como la magia, la
hechiceria, el espiritismo, con el proposito de que se-
pamos distinguir entre el bien y el mal y luchemos sin
perder tiempo contra ellos ; si asi fuera hay muchas
personas que nunca le han dado cabida a esos fatalis
mos ni supersticiones, otras en cambio no han sabido
distinguir entre la realidad y las cosas sin fundamento,
llegando a un estado de creencia en males secretos y
lo que es peor en remedios contra ellos, tales como,
un azabache para evitar el "mal de ojo", una cinta roja
atada en el piecito del bebe para librarlo de enfermeda
des, un vaso de agua debajo de la cama y tendras bue
nos suenos e innumerabl ... » ver comentario
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eleazar eleazar
el 19/11/14
Entiendo que el seguimiento de Cristo, hacer la voluntad de Dios, elegir el Bien, es un combate en espíritu, es renacer en espíritu, parir una nueva Vida. Debe ser una maduración en guerra contra uno mismo, lo más difícil, pero también en guerra contra lo que nos rodea y se opone a ella, y más teniendo en cuenta que nosotros también somos lo que nos rodea, que Dios nos quiere hermanos, que nos salvamos siendo en él uno sólo, juntos, apoyándonos en él, y en los demás. En hacer personalmente la voluntad de Dios está, no ya el combate espiritual, si no el poder alcanzar por gracia la Felicidad Plena.
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Miguel Sánchez Miguel Sánchez
el 19/11/14
Marcos 7: Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; pero lo que sale de él, eso es lo que contamina al Hombre.

Marcos 9,10: Por que todos serán salados con fuego, y todo sacrificio sera salado con sal. Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida ¿con qué la sazonaras? Tener sal vosotros mismos y tened paz los unos con los otros.

Palabra del Señor. . .
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karly15 karly15
el 20/11/14
el espirismo llevado con amor a Dios es un modo mas de reunirnos en oracion y alabanza al senor. los mas que se hace en este grupo es orar constante mente en amor al projimo ya sean vivos o que ya hayan partido al mundo de los espiritus. pero como en todas las religiones siempre hay quien haga lo contrario y use el espiritismo para hacer lo negativo. por eso debemos conocer mas de lo realmentees una vida sana en oracion y amor mediante los espiritus elevados. seres que vivieron en dios y al partir de este mundo vienen en nustra ayuda. porque como Dios nos dijo "EL QUE CREE EN MI AUNQUE HAYA MUERTO VIVIRA"
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Alibe Alonzo Alibe Alonzo
el 21/11/14
Hermanos ! Es prudente tomar en cuenta esta Palabra y su siguiente reflexión en cuanto a acciones nuestras, tan arraigadas, que son nada menos y nada más las que contribuyen al fortalecimiento de esas potestades de las que habla la escritura.
Doy como ejemplo, nosotros los padres que le decimos al niño: "Si en la escuela te golpean, golpea tú también", Si damos un servicio a la Iglesia, en algún momento nos enfriamos si no es reconocido el servicio que damos, no nos conformamos con servir al Señor sin esperar recompensa y... muchas otras situaciones que no consideramos pecado pero que con ellas día a día seguimos contribuyendo a fomentar estos principados del mal. Bendiciones !!!
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Jorge G. Lazo S Jorge G. Lazo S
el 26/11/14
Ha sido, clara , la explicación, SI,NO somos felices, es porque nuestro interior, esta mal, y si está mal, es porque, no permitimos, que Jesús entre en nosotros, ya que si Él estuviera en nosotros, nada podría contaminar nos.
Hagamos, una fuerte ORACIÖN, para desterrar, esos demonios, que no se ven,y a los cuales , les permitimos, destruir, nuestra vida. Seamos felices, luchando, contra ese mal.
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