Evangelio Seglar para el Domingo del 25 de octubre de 2026

23 de octubre de 2026

PRIMER PASO: LECTIO

¿Qué dice el texto? 

Lectura del santo evangelio según Mateo 22,34-40

Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los Profetas.»

NOTAS BÍBLICAS

Las autoridades judías someten «a prueba» (22,35) a Jesús con tres preguntas relativas a la Ley de Dios (la «Torá»).

La primera se la plantean unos enviados de los fariseos aliados con los herodianos: ¿Es lícito [según la Ley] dar impuesto al César?  (22,17). La vimos el domingo pasado. La segunda se la plantean los saduceos sobre de quién será mujer una resucitada que se casó y enviudó siete veces (22,28). La tercera la proponen hoy los fariseos por boca de un «experto en la Ley» (22,35): «¿Cuál es el mandamiento mayor de la Ley?

Debido a las respuestas de Jesús a estas preguntas -y una de contraofensiva que les hace Jesús a ellos-, «desde aquel día nadie se atrevió ya a hacerles preguntas» (22,46). La Torá contiene más de seiscientos mandamientos: 613. ¿Cuál es el grande?

Jesús responde uniendo dos mandamientos y sentenciando que «de ellos penden toda la Torá y los Profetas» (22,40), o sea, toda la Palabra de Dios. En 7,12 ya había identificado «la Torá y los Profetas» con la llamada «regla de oro».

Los mandamientos elegidos por Jesús están en dos libros de la Torá: el primero en Deuteronomio 6,4-5 y forma parte del párrafo llamado «Shemá» y que los judíos como Jesús recitan todos los días; el segundo está en 19,18 y forma parte de una sección que detalla los comportamientos sociales queridos por Dios. Ya otros maestros de la Ley anteriores a Jesús habían hecho la misma selección: el amor a Dios y el amor al prójimo.

La medida del amor que se ha de tener a Dios es la «totalidad», con la totalidad de la existencia: con «todo» el corazón, con «toda» el alma y con «toda» la mente (22, 37). Aquí es el único lugar donde Mateo emplea la palabra «mente» (en su lugar la Torá que cita usa el término «fuerzas»).

La medida del amor que se ha de tener al prójimo es «uno mismo» (22,39): como te amas «a ti mismo». Medida ya dictada en la «regla de oro» (7,12).

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
(Mujer, casada, trabaja, 4 hijos y un perro, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar). Comentario de 2020

Otra prueba…. día tras día ponen a prueba al Señor con preguntas para pillarlo, pero el Señor ve más allá. Nunca dice cosas explícitas en contra de la «ley de los hombres», al revés, anima a que cumplamos tanto con la ley de los hombres, pero sobre todo, con la ley de Dios, la ley del amor. Qué maravilla. Amar…. amar a todo el mundo, amar a los demás como a ti mismo. Cuidar tanto la casa de todos como tu casa de «ladrillo», querer tanto a todos los seres vivos como a ti mismo. Me recuerda a San Francisco de Asís, a cómo se refería al más mínimo/máximo ser vivo como su hermano o hermana.

Esta semana se me ocurre que antes de dirigirnos a cualquier ser vivo, en nuestra cabeza pensemos en él/ella como nuestro hermano/a y por mucho que nos cueste, lo miremos con amor y pensemos que Dios lo/a ha creado y lo/a quiere igual que a nosotros.

DESDE EL SERVICIO MISIONERO
(Mujer, casada, 1 hijo, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y grupo cristiano)

Anunciar el Evangelio es, ante todo, hacer visible el amor de Dios

Este octubre misionero me ha hecho recordar (re-cordis o pasar por el corazón) mis primeros “pinitos” en África. Agradezco enormemente la acogida de las Misioneras de Nuestra Señora de África (Hermanas Blancas) en Mozambique durante 2 veranos porque ha sido una de las experiencias que más “me ha tocado el corazón”. Allí, hace ya más de un cuarto de siglo, conocí y puse rostro a la realidad del VIH, una tragedia y una paradoja: un continente tan olvidado cuando se trata de oportunidades, derechos, enfermedades, necesidades y  tan presente cuando se habla materias primas de gran valor.

Supongo que a otras personas les habrá pasado como a mí cuando me fui: alguien les habrá dicho eso de que vamos a «comerle el coco a la gente», porque, lamentablemente, esa sigue siendo la imagen que algunos tienen de los misioneros. Hay quienes piensan que, como Iglesia, vamos a coleccionar conversiones y sumar trofeos a nuestra vitrina de méritos para la «salvación». Y qué lejos queda esa imagen de los misioneros que yo he tenido la suerte de conocer, que no han tratado de convencerme ni tampoco de imponer la fe cristiana sino, que con su testimonio y sus ganas de compartir el amor de Dios he visto cómo han transformado la realidad y han empezado a caminar junto a los africanos con una misma esperanza.

Por eso hoy, desde Madrid pienso que, cuando nuestros pasos son reflejo de los de Jesús, es cuando la horma de nuestros zapatos es la de “misioneros” caminemos por donde caminemos.  Es aquí donde el Evangelio de hoy “pisa fuerte” y deja huella porque anunciar el Evangelio es, ante todo, hacer visible el amor de Dios.

Entre mis primeras imágenes guardadas de Mozambique tengo la de un papá que muchos días pasaba delante de la casa de las Hermanas camino del hospital ¡que ternura me producía! porque llevaba a Faustina, su hija de casi 2 años con el típico pañuelo anudado a la espalda, normalmente esa imagen es para las mamás…y verle a él me removía el corazón. Pronto me explicaron que esa pequeña era una de las muchas huérfanas del VIH y que estaba también muy malita. Las Hermanas muchas veces les acompañaban a las visitas médicas, apoyaban en sus gastos médicos, de comida y organizaban al equipo de apoyo comunitario para que estuviera pendiente de ellos. Hablaban mucho con él, le escuchaban y consolaban. Yo apenas pude saludar una vez a Faustina, sus ojitos ya casi no se abrían, su boquita estaba de color amoratado pues era el tratamiento más frecuente de las infecciones en la boca: la famosa “Violeta de Genciana” y no había mucho más para esta niña, solo el inmenso cariño de un papá, probablemente enfermo que, en la medida de lo posible no dejo de atender a su pequeña ni un momento hasta que se “marchó con su mamá”.

Con el paso de los años, he comprendido que aquella imagen de un padre llevando a su hija a la espalda y las Hermanas Blancas caminando junto a ellos explican mucho mejor qué es la misión que cualquier discurso: la misión comienza cuando el prójimo se convierte en alguien cuya dignidad queremos reconocer, respetar, cuidar y defender. Eso es ser misionero y no “come-cocos” porque el Evangelio no se impone, se encarna, se anuncia con la humildad de las palabras de un corazón sencillo y se hace creíble con el trabajo diario, humilde, servicial, silencioso, a veces frustrante, siempre perseverante y confiado de cuantos han querido dejar sus comodidades para convertir el amor a Dios en amor con un nombre concreto: Faustina.

Ojalá que África no sea solo un continente que despierte interés por la riqueza que esconde su suelo, sino que también reconozcamos el talento y los sueños de sus gentes y que nos comprometemos con un mundo más justo en el que todos los pueblos tengan las oportunidades necesarias para construir su propio futuro, compartiendo y caminando juntos.

TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?
(Hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad eclesial)

Amor a Dios. Amor al prójimo

Señor Jesús, quisiéramos ser personas de adoración y servicio.
Sostennos, afiánzanos, ilumínanos.
Señor Jesús, quisiéramos vivir entregados al amor sobre todo amor y a la justicia imprescriptible.
Ilumínanos, acompáñanos, aliméntanos.

Señor Jesús, quisiéramos ser seres del asombro al sentirse amados y de responsabilidad en la construcción del Reino.
Aliméntanos, enséñanos, impúlsanos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir cultivando la santidad y la justicia.
Impúlsanos, transfórmanos, mejóranos.

Señor Jesús, quisiéramos ser personas llenas de compasión y solidaridad.
Mejóranos, únenos, abrázanos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir para la comunión última y la fraternidad cercana.
Abrázanos, cuídanos, guíanos.

Señor Jesús, quisiéramos ser personas de contemplación y cuidado mutuo.
Guíanos, protégenos, fortalécenos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir abiertos a la escucha de tu palabra y dispuestos a la respuesta confiada.
Fortalécenos, inspíranos, edúcanos.

Señor Jesús, quisiéramos ser personas llenas de esperanza y de perseverancia.
Edúcanos, capacítanos, oriéntanos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir con intensidad la espiritualidad y la solidaridad.
Oriéntanos, condúcenos, unifícanos.

Señor Jesús, quisiéramos ser personas llenas de fe y de compromiso.
Unifícanos, purifícanos, envíanos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir llenos de gracia y de responsabilidad.
Envíanos, renuévanos, actívanos.

Señor Jesús, quisiéramos ser personas enraizadas en la gratitud y en la gratuidad.
Actívanos, edúcanos, mejóranos.

Señor Jesús, quisiéramos vivir del santo silencio y de la justa profecía.
Mejóranos, entusiásmanos, céntranos.

Señor, Jesús, maestro, luz, fuente.
Señor Jesús, raíz, camino, horizonte.
Señor Jesús, presencia que recrea, enamora y envía.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

Fano-Domingo-XXX-Ordinario-A

ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

(Hombre, casado, 2 hijos, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y movimiento seglar)

‘Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo’

Hoy nos ponemos frente al corazón de la Ley, es decir, frente al núcleo de lo que Dios mismo nos ha revelado para orientar nuestras vidas. Lo primero que resulta curioso es que sea una ley, es decir, algo de obligado cumplimiento, el ejercicio del amor. Lo es porque la condición verdadera del amor, sobre todo el que nace del encuentro con Dios, es la más absoluta de las libertades. Es una interesante paradoja: la obligación de amar es el ejercicio más elevado de nuestra libertad.

Pero esto nos revela algo profundo sobre Dios. Él en su libertad más absoluta, ha decidido comunicarse en un Amor que no conoce medida y que, en Jesús de Nazaret, ha traspasado (y el verbo no es casual) nuestra humanidad para atraerla y elevarla. Para un judío de aquella época, familiarizado con el Shemà, la oración que recoge bellísimamente el mandamiento del amor a Dios y que Jesús redirecciona al prójimo no es una novedad. Pero sí lo fue la radicalidad con la que Jesús la iluminó con su enseñanza y el testimonio de su propia vida.

Este domingo cabe, como actio, sentarme un rato ante el Señor en el sagrario y “pesar” mis actos de amor a Dios y al prójimo haciendo una revisión de mi proyecto personal bajo esta premisa: ¿mi testimonio de vida ejemplifica el mandamiento del Amor?

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