En este año Sacerdotal en el que celebramos el 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney nos reunimos para orar por las vocaciones para el ministerio sacerdotal y la vida consagrada.
En este año Sacerdotal en el que celebramos el 150 aniversario de la muerte de san Juan María Vianney nos reunimos para orar por las vocaciones para el ministerio sacerdotal y la vida consagrada.
Las palabras que monseñor Romero pronunció el domingo 23 de marzo de 1980 en la catedral -“no matarás”, “¡les suplico, les ordeno en nombre de Dios, que cese la represión, que no obedezcan si les ordenan matar!”-, el gobierno las calificó de “subversivas”: una provocación.
Haciéndonos eco del programa televisivo «Tengo una pregunta para usted», en el que ciudadanos de a pie de nuestro país formulaban sus inquietudes a dirigentes políticos y sociales de nuestra nación, vamos nosotros también a realizar una dinámica parecida.
El ideal de la Vida Consagrada es configurarse con los rasgos característicos del proyecto de vida que Jesús eligió.
El Espíritu mismo, además, lejos de separar de la historia de los hombres las personas que el Padre ha llamado, las pone al servicio de los hermanos según las modalidades propias de su estado de vida
Soy testigo del quebrantamiento de muchas uniones que se prometían eternas y de la disolución de muchos compromisos que se juraron para siempre.
No sólo evangeliza, sino que ejerce la medicina entre los más pobres de los pobres, en la República Democrática del Congo, país de enormes riquezas naturales y, por lo mismo, de endémicos conflictos de gran violencia en el corazón del África negra.
La vida consagrada debe estar alerta para descubrir y acoger las innovaciones, los frutos de la creatividad humana. Sobre todo, le interesa, la socialización de los avances para que no queden únicamente en manos de los poderosos.
Hace poco otro claretiano, éste gran amigo mío, dejó el sacerdocio. Como siempre fue muy doloroso para todos. Como suele suceder, hubo comentarios diversos al respecto. Y, entre otras, escuché una frase que me desconcertó. Alguien interpretó esa salida diciendo: "Eso es muy humano".
Lo que cambia no es lo que hacemos, sino el modo de hacerlo: seguimos enviando cartas, pero ahora lo llamamos “emails”. Seguimos escribiendo, pero ahora lo hacemos no con la pluma, o la máquina de escribir, sino con el ordenador.
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