Hay muy pocas cosas tan potentes como una imagen poética.
Hay muy pocas cosas tan potentes como una imagen poética.
¿Qué queremos decir cuando afirmamos que hacemos un sacrificio?
O somos creativos o nos entregamos a alguna especie de brutalidad.
‘Siento gran lealtad tanto a Cristo como a Mahoma, primero necesitamos la disciplina de Alá, después la libertad de Jesús’.
El camino es estrecho y difícil. Y no hay atajos.
El derecho a la propiedad privada y a la riqueza privada está mitigado por un gran número de principios morales.
Cuando tenía yo veintitantos años, pasé un año como estudiante en la Universidad de San Francisco. Justamente acababa de ordenarme sacerdote e intentaba sacar un título de posgrado en teología.
Cada sueño, cada ideal, al final acaban crucificados. ¿De qué modo? Por el tiempo, las circunstancias, la envidia; y por ese dictado curioso y perverso –de alguna manera innato en el orden de las cosas– que asegura que hay siempre alguien o algo que no puede partir a gusto a solas, sino que, por razones muy suyas, tiene que partir cazando, persiguiendo y golpeando a lo que es bueno.
La verdad se nos hace encontradiza de diferentes maneras. A veces aprendemos lo que algo significa, no en el aula o en la clase, sino en un hospital.
No todo temor se crea y desarrolla igual, al menos no en el ámbito religioso. Hay un miedo que es saludable y bueno, signo de madurez y de amor. Como hay también un miedo malo, que bloquea la madurez y el amor. Pero esto hay que explicarlo.
Estamos rodeados por muchas voces. Rara vez hay un momento en nuestra vida, durante el día, en el que alguien o algo no nos esté llamando, y en el que, aun en las horas de sueño, los sueños y pesadillas no llamen nuestra atención.