En el fondo, ninguno de nosotros es dueño de nada, y nada nos llega por derecho. Todo es don.
En el fondo, ninguno de nosotros es dueño de nada, y nada nos llega por derecho. Todo es don.
Hay cantidad de gente que está forcejeando o luchando con la Iglesia. Y esto es más complejo de lo que a primera vista parece.
Tenemos miedo de estar solos y en silencio durante un tiempo suficiente para adentrarnos en el corazón de las cosas.
Entendida correctamente, la ‘noche oscura’ no consiste en un fallo de nuestra fe, sino en un fallo de nuestra imaginación
Siempre es arriesgado intentar usar una novela para tratar de promover, aunque sea de modo sutil, alguna idea política o religiosa.
Cuando esté imitando auténticamente a Cristo, me sentiré «débil» de la misma manera que Cristo se sintió débil.
¡Un nuevo Hedonismo, eso es lo que nuestro siglo quiere! Oscar Wilde profetizó esto hace más de un siglo y, según parece, es ahí precisamente hacia donde hemos evolucionado en nuestro mundo occidental.
Hoy en día no atribuimos mucho simbolismo a los números. Se mantienen todavía algunos pocos vestigios (la mayoría supersticiosos) de otros tiempos, tales como considerar el número siete como fuente de fortuna y el trece como fuente de desdicha. Para la mayoría de la gente, para nosotros, los números son arbitrarios.
Entre los grandes cuentos o historias populares que circulan en el mundo, los más comunes, los mejor conocidos y perennemente intrigantes son los que tratan de héroes y heroínas.
Hace unos años, un amigo mío hizo a su novia una propuesta de matrimonio, muy diferente del estilo de Hollywood: Este amigo tenía entonces unos cuarenta y tantos años y había sufrido un buen número de desengaños decepcionantes, algunos de los cuales, según él mismo reconocía, eran culpa suya…
Los católicos estamos bastante familiarizados con los Credos, tanto el del Concilio de Nicea como el de los Apóstoles, los dos grandes compendios que sostienen y fijan nuestra fe. Sin ellos, con el tiempo vamos a la deriva, nos desviamos del camino y nos perdemos. Los credos nos asientan y nos mantienen firmemente anclados.