La ansiedad, como todas las tensiones, nos devora en varios niveles. Superficialmente nos preocupamos por muchas cosas. En el fondo, vivimos con tanta ansiedad que ésta se manifiesta en todo lo que hacemos.
La ansiedad, como todas las tensiones, nos devora en varios niveles. Superficialmente nos preocupamos por muchas cosas. En el fondo, vivimos con tanta ansiedad que ésta se manifiesta en todo lo que hacemos.
A un amigo mío le gusta bromear fingiendo que un egoísta extremo y de vez en cuando airea este chiste: "¡La vida es difícil porque tengo que cargar con mi propia magnitud"
Todos conocemos un montón de gente que parecen muy inmersos en esta vida, en sus matrimonios, sus familias, sus trabajos, en el entretenimiento, los deportes, y en sus preocupaciones cotidianas que no parece en lo absoluto que tengan a Dios como centro de su atención consciente en una parte significativa de su vida diaria.
Nuestros años generativos son un maratón, no una carrera de velocidad, por eso de hace díficil mantener siempre la amabilidad, la generosidad y la paciencia en medio del cansancio, las pruebas y las tentaciones que nos acosan a través de los años de nuestra vida adulta.
Al despedirse la noche antes de morir, Jesús dijo a los que estaban con él que "tenía otras ovejas que no son de este redil" y que quienes estaban con él en ese momento no eran sus únicos seguidores.
¿Qué tenían en mente Dios y la naturaleza cuando diseñaron el proceso de envejecimiento? ¿Cuál es la razón por la que justo cuando nuestra destreza mental, nuestra madurez humana y nuestra libertad emocional están en su punto álgido, el cuerpo comienza a desmoronarse?
Existe una historia que se cuenta acerca de Anna Akhmatova, poetisa rusa, que solía ir cada sábado por la mañana y hacer cola fuera de una prisión de San Petersburgo, donde, junto con otras mujeres, confiaba dejar cartas y paquetes para los seres queridos que habían sido arrestados durante las purgas de Stalin.
¿Qué utilidad tiene una vieja linterna de mano? Bueno, su luz puede ser muy útil en plena oscuridad, pero viene a ser superflua e imperceptible al sol del mediodía. Sin embargo, esto no significa que su luz sea mala, sólo que es débil.
La evolución -expresó Charles Darwin en famosa afirmación- funciona por la supervivencia de los más aptos. La Cristiandad, por otra parte, está comprometida con la supervivencia de los más débiles. Entonces, ¿cómo cuadramos con la evolución nuestro ideal cristiano de hacer una opción preferencial por los débiles?
Queridos obispos: Les escribo como leal hijo de la Iglesia Católica, con un particular ruego: ¿Podrían añadir a nuestras actuales Plegarias Eucarísticas una explícita invocación por otras Iglesias Cristianas y por los que las gobiernan?
Quizás la sencilla frase del papa Francisco, tan frecuentemente citada, sea su respuesta a una pregunta que se le hizo vis-a-vis sobre la moralidad de un matrimonio gay en el que la relación presenta un amor fiel. Su molesta-famosa respuesta: ¿Quién soy yo para juzgar?