El “Fiat” silencioso de José, IV Domingo de Adviento, ciclo A
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
La liturgia nos presenta hoy a un hombre que, en el silencio más profundo, pronunció uno de los “síes” más poderosos de toda la historia de la salvación. ¡José! Del hombre -que no dijo ni una sola palabra en todo el Evangelio-, dice el evangelista san Mateo: “José… hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y tomó a María por esposa” (Mt 1,24). Pero cuyo silencio cambió el mundo para siempre.
Cuando hasta los santos dudan (Mt 11, 2-11), Tercer domingo de Adviento, ciclo A.
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
La liturgia nos coloca ante una escena desconcertante: Juan el Bautista, el profeta que bautizó a Jesús, el que lo señaló como “el Cordero de Dios”, el que gritaba en el desierto… ahora duda.
El hombre que gritaba en el desierto, Segundo Domingo de Adviento, ciclo A
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
Las palabras más importantes rara vez son las más elaboradas. Juan el Bautista lo sabía. Su mensaje cabía en una sola palabra: ¡Convertíos! Una palabra que hemos domesticado hasta hacerla inofensiva.
CRISTO, REY DEL UNIVERSO, Domingo 34, ciclo C
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
Meditación sobre la solemnidad de Cristo Rey desde las tres lecturas del día. Jesús es Rey: descendiente de David, crucificado y luz del mundo que renueva la creación.
Su reino une, ilumina y conduce al misterio del paraíso prometido.
¡Valientes y no cobardes! Así nos sueña Jesús – Domingo 33 ciclo C
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
La palabra “apocalipsis” significa revelación. ¡Se abre el velo de aquello que estaba oculto! Una Luz nos llega del Porvenir. Y esa luz no resuelve nuestras preguntas, pero sí nos indica que el final no es oscuridad, ni frío. Que hay salvación! Y esa es la clave para dar sentido a nuestra vida aquí.
¡Clamor de la resurrección! El misterioso “después”, Domingo 32, ciclo C.
José Cristo Rey García | Ecología del Espíritu
El ambiente de guerra e inseguridad nos hace pensar: ¿qué sentido tiene una vida tan amenazada? ¿Será verdad que somos seres-para-la muerte? En cualquier momento nos vemos amenazados de muerte por dentro -en nuestro cuerpo- o por fuera… y la certeza de morir nos entristece.
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