Señor, cuando se cierne la noche, y tu mente presiente el momento más oscuro y recio de tu vida, quiero ser Betania para ti, quiero ser tu amigo, hombro en el que desahogues el alma; no te dé pudor manifestar el agobio y la tristeza que te embargan.
Señor, cuando se cierne la noche, y tu mente presiente el momento más oscuro y recio de tu vida, quiero ser Betania para ti, quiero ser tu amigo, hombro en el que desahogues el alma; no te dé pudor manifestar el agobio y la tristeza que te embargan.
Cuando se cumple hoy la cuarentena de preparación para la Pascua, y entramos en la Semana Mayor, muchos son los aspectos que podríamos meditar. En los textos que se proclaman en la liturgia de este domingo, deseo fijarme en la concurrencia de los términos “manto”, “vestido”, “ropa” y “túnica”.
Durante toda la Cuaresma hemos venido acompañándonos con enseñanzas de Santa Teresa de Jesús. Hoy, a punto de comenzar la Semana Santa, la Providencia nos permite celebrar el 500 aniversario del nacimiento de Teresa Sánchez de Cepeda y de Ahumada, hija de D. Alonso y de Dña. Beatriz, que nació en Ávila, el 28 de marzo de 1515.
Un ejercicio espiritual que ayuda a mantener la esperanza es recordar lo bueno que nos ha pasado en la vida, y los momentos de luz, de fuerza, que nos han acontecido, en muchas ocasiones en circunstancias adversas.
En muchos lugares, la piedad cristiana dedica este viernes a contemplar de manera especial a la Madre de Jesús, próximos los días de su Pasión, fechas en los que la Liturgia se centra en la persona del Señor.
Normalmente, cuando la travesía es muy larga, en algún punto del camino se llega al agotamiento, y el cansancio hace surgir el mal pensamiento de haberse equivocado quizá en el proyecto.
La vida diaria se puede iluminar con la luz de la Palabra, y es posible que cada vez descubramos aspectos muy diferentes de los que hemos captado en otros momentos.
¿Qué es más, que tú te comprometas con Dios, o que Dios se comprometa contigo? Sin duda que Dios se comprometa, porque Él es fiel y cumple su palabra. Puede parecer que Él queda hipotecado a la fidelidad humana, pero una vez que se compromete, no se retracta.
¿A quién no le gusta que le perdonen sus errores? ¿Quién es tan sádico que prefiera convivir con sus sombras, en vez de dejar que entre en su corazón la gracia del perdón?
Podríamos creer que las personas de oración tienen experiencias especiales en su trato con Dios, y que la oración de súplica es expresión de menor calidad en ese trato.
Si hay una llamada de la Iglesia en Cuaresma a través de los pasajes bíblicos seleccionados para la Liturgia de la Palabra de cada día, es, sin duda, la invitación permanente a convertirnos.