Saboreamos la precariedad de la vida. Somos finitos. Nos da miedo no tener bastante tiempo para vivir.
Saboreamos la precariedad de la vida. Somos finitos. Nos da miedo no tener bastante tiempo para vivir.
Pretendemos fijarnos en los procedimientos que Dios tiene para llamar a personas concretas en medio del mundo.
No somos iguales. No somos neutros. Somos sexuados, hombres y mujeres. Diferentes. Gracias a Dios.
El diálogo precisa capacidad de entrar en la experiencia religiosa del otro para comprenderla desde dentro.
La relación conyugal no se logra por arte de magia: no es cuestión de encontrar la otra media naranja.
Los que aún considerándose de alguna manera católicos, tienen muy poco contacto o ninguno con la Iglesia.
La página solicitada no pudo encontrarse. Trate de perfeccionar su búsqueda o utilice la navegación para localizar la entrada.