Nuestro Señor Jesucristo siempre viene, nunca falla a la cita. Su venida es siempre una llamada, una invitación. Nuestro problema reside en que muchas veces no percibimos su llamada porque no estamos preparados para escucharla.
Nuestro Señor Jesucristo siempre viene, nunca falla a la cita. Su venida es siempre una llamada, una invitación. Nuestro problema reside en que muchas veces no percibimos su llamada porque no estamos preparados para escucharla.
Vale la pena velar esta noche, disfrutar con la cercanía de esta Madre buena, María Inmaculada, porque ella nos devuelve la esperanza con su victoria sobre todo mal, nos motiva a vivir en actitud de respuesta, dignifica toda vocación de servicio y entrega.
La mala alimentación y la obesidad, afectan cada vez a más menores, se están planteando incluso la catalogación de la obesidad en los países desarrollados como "epidemia no contagiosa".
La Fe es un don, pero el transmitirla es cosa nuestra, nuestra obligación como padres. Se transmite por la palabra y por el ejemplo en casa, en el día a día.
He leído el siguiente decálogo en una conferencia de Mons. Raúl Berzosa (Obispo auxiliar de Oviedo, España) y se lo ofrezco a los lectores porque puede sugerirles muy buenos pensamientos, sentimientos y comportamientos.
Y si perdonas solamente al que te pide perdón y al que "expía sus culpas", ¿qué mérito tendrás? Perdonar no es ignorar, ni consentir, sino confiar en el otro. No habrá paz en este pobre mundo sin perdón primero.
Escuchar la Palabra es saber "prepararle el terreno". Es el lugar donde cae la semilla, el factor que determina su rendimiento o no.
La tradición nos ha acostumbrado mal a asociar la. santidad con el monacato y muy poco con la praxis pública. Esta separación de competencias no es lícita.
La experiencia de Dios se produce desde mi punto de vista cuando tenemos un encuentro con Otro, con Otros y se produce la experiencia de una relación, que se sitúa «más allá» de la propia experiencia.
Porque ella, como primera creyente, es parangón, espejo, haz que ilumina sobre el cómo de la existencia cristiana.
Así, para que lo sencillo y cotidiano no llegue a convertirse en rutina, es necesario celebrar, impregnar y envolver de trascendencia la sencillez y simplicidad de todos y cada uno de los momentos del día.