Al cabo del día, todos nosotros, creyentes y no-creyentes, piadosos e impíos, compartimos una misma humanidad y todos acabamos en idéntico camino. Esto tiene muchas implicaciones.
Al cabo del día, todos nosotros, creyentes y no-creyentes, piadosos e impíos, compartimos una misma humanidad y todos acabamos en idéntico camino. Esto tiene muchas implicaciones.
En un pasaje particularmente emotivo de su poema La hoja y la nube, Mary Oliver se imagina ante la tumba de su madre y su padre, reflexionando sobre sus vidas. Ellos distaban mucho de ser perfectos, y ella no endulza sus faltas. Señala abiertamente el abatimiento del alma de su madre y la inmadura fe de su padre. Sabe que muchas de sus propias luchas tienen sus raíces ahí.
Después de su primer arresto, el activista pacífico Daniel Berrigan pasó a la clandestinidad. Tras cuatro meses, fue capturado, pero clandestino durante esos meses, aunque sin ninguna amenaza para nadie, le pusieron en la lista de los Diez más buscados del FBI. Aquí se dio cierta ironía que no pasó desapercibida.
El teólogo belga Jan Walgrave, que dirigió mi tesis doctoral, fue un verdadero intelectual y, además, singular. Verdadero, en ese su pensamiento, natural e instintivamente gravitado hacia las eternas cuestiones filosóficas de esencia y existencia. ¿Por qué estamos aquí? ¿Quiénes somos en realidad?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Muchos de nosotros estamos familiarizados con una frase de T.S. Eliot frecuentemente citada: La última tentación es la traición más grave: realizar la acción correcta por razón equivocada. Esta -sugiere él- es la tentación de la persona buena. ¿Cuál es la tentación?
Durante mi formación teológica, fui bendecido con el privilegio de recibir clases de dos eruditos católicos muy renombrados: Avery Dulles y Raymond E. Brown. El primero fue un eclesiólogo cuyos libros llegaron a ser con frecuencia libros de texto en muchos seminarios y facultades teológicas.
La palabra “espiritualidad” es relativamente nueva en el mundo angloparlante, al menos tal como se usa hoy. Antes de la década de 1960, habríais encontrado muy pocos libros en inglés con la palabra “espiritualidad” en su título, aunque eso no era aplicable al mundo francoparlante.
Todo es de una pieza. Cuando no lo tomamos seriamente, pagamos un precio. El renombrado teólogo Hans Urs von Balthasar pone un ejemplo de esto. La belleza -afirma- no es algún pequeño “extra” que podemos valorar o denigrar según el gusto y el temperamento personal, como cierto lujo que decimos que no podemos darnos.
Ninguna comunidad debería desaprovechar sus muertes. El renombrado antropólogo Mircea Eliade sugirió esto, y su verdad se aplica a las comunidades en todos los niveles. Ninguna familia debería despedir a un miembro sin la oportuna reflexión, ritual y bendiciones.
Nunca he estado de acuerdo con algunos de mis amigos activistas que envían tarjetas de Navidad con mensajes tales como: ¡Que la paz de Cristo te inquiete! ¿No podemos tener un día al año para ser felices y celebrarlo sin que nuestras ya infelices personas sean agitadas con más culpa?