La ansiedad, como todas las tensiones, nos devora en varios niveles. Superficialmente nos preocupamos por muchas cosas. En el fondo, vivimos con tanta ansiedad que ésta se manifiesta en todo lo que hacemos.
La ansiedad, como todas las tensiones, nos devora en varios niveles. Superficialmente nos preocupamos por muchas cosas. En el fondo, vivimos con tanta ansiedad que ésta se manifiesta en todo lo que hacemos.
A un amigo mío le gusta bromear fingiendo que un egoísta extremo y de vez en cuando airea este chiste: "¡La vida es difícil porque tengo que cargar con mi propia magnitud"
Todos conocemos un montón de gente que parecen muy inmersos en esta vida, en sus matrimonios, sus familias, sus trabajos, en el entretenimiento, los deportes, y en sus preocupaciones cotidianas que no parece en lo absoluto que tengan a Dios como centro de su atención consciente en una parte significativa de su vida diaria.
Nuestros años generativos son un maratón, no una carrera de velocidad, por eso de hace díficil mantener siempre la amabilidad, la generosidad y la paciencia en medio del cansancio, las pruebas y las tentaciones que nos acosan a través de los años de nuestra vida adulta.
Al despedirse la noche antes de morir, Jesús dijo a los que estaban con él que "tenía otras ovejas que no son de este redil" y que quienes estaban con él en ese momento no eran sus únicos seguidores.
¿Qué tenían en mente Dios y la naturaleza cuando diseñaron el proceso de envejecimiento? ¿Cuál es la razón por la que justo cuando nuestra destreza mental, nuestra madurez humana y nuestra libertad emocional están en su punto álgido, el cuerpo comienza a desmoronarse?
Todos nos esforzamos en proyectar una determinada imagen, en nuestra sociedad eso tiene un nombre: ser ‘frío’.
Nuestra sociedad normalmente nos invita en la dirección opuesta, a tomar el camino más trillado.
Es difícil celebrar correctamente. Queremos hacerlo, pero no sabemos cómo.
¿Has hecho alguna vez algo simplemente por principio, porque era lo que había que hacer, sabiendo que no podrías mostrarlo o explicarlo a nadie?
¿Por qué no somos más conscientes del hecho de que en nuestra vida cotidiana pisamos terreno sagrado?