El pan y el vino son ambiguos, tanto en la vida como en la Eucaristía.
El pan y el vino son ambiguos, tanto en la vida como en la Eucaristía.
En su novela “Un Mapa de Cristal”, la novelista canadiense Jane Urquhart nos cuenta la historia de una anciana que recuerda cómo, cuando era niña, solía tomar el estetoscopio de su padre doctor para jugar con él. ¿Por qué?
Intentar servir a otros lleva consigo el ser atrapado por muchas tensiones; algunas acosan desde fuera y otras asaltan desde dentro. ¿Cómo podemos permanecer enérgicos, efectivos y auténticos? He aquí algunas directrices o pautas para el largo camino:
el P. Ronald (Ron)- nos desvela aquí su intimidad filial: su veneración por su padre y la valiosa herencia espiritual recibida de él. Con ello el P. Ron, como sin querer, nos da una clave eficaz para captar mejor sus interesantes e inspiradoras columnas
Nuestros corazones son complicados y fascinantes y todos nosotros seríamos más amables con nosotros mismos y encontraríamos nuestras vidas más interesantes si escucháramos con más regularidad sus latidos. Ése es también el secreto en nuestra relación con
Somos incapaces de encontrar las palabras que necesitamos para hablar, incapaces de expresarnos correctamente en el amor.
Recientemente un amigo mío asistió a un funeral de un hombre que había dispuesto de su propia vida suicidándose. Al final del servicio religioso el hermano del finado habló a la asamblea cristiana.
Conozco ahora de modo existencial que la vida es frágil, que la salud es algo precioso y que tiene que apreciarse en vez de tomarla a la ligera. La fe y la esperanza están entrando a raudales en mi vida como nunca anteriormente
La mayor parte de mi vida adulta la he vivido y he trabajado en círculos académicos, estudiando en varias universidades, enseñando en círculos universitarios y teniendo como amigos íntimos y como colegas a profesores de universidad. ¿Cómo es ese mundo universitario? ¿Qué clase de gente habita en los ambientes académicos?
O dejamos de orar o dejamos de pecar y racionalizar. ¡El mayor peligro moral en nuestra vida consiste en que, lamentablemente, dejemos de orar!
Es común, especialmente entre autores religiosos, describir el corazón humano como chiquito, estrecho y mezquino: “¡Cuidado que somos estrechos de miras y mezquinos!”