Somos incapaces de encontrar las palabras que necesitamos para hablar, incapaces de expresarnos correctamente en el amor.
Somos incapaces de encontrar las palabras que necesitamos para hablar, incapaces de expresarnos correctamente en el amor.
A veces profundidad y sensibilidad están reñidas con creatividad y libertad.
Dios nos creó a su imagen y semejanza, y nosotros nunca hemos cesado de devolver el favor.
Desde Abrahán hasta Jesús vemos cómo las grandes figuras de nuestra fe no suelen decir fácilmente: ‘Hágase tu voluntad’.
¿Por qué marcamos aparte cuarenta días cada año para renunciar de forma voluntaria a algunos goces legítimos, a fin de prepararnos para Pascua?
La santidad se alcanza cumpliendo las obligaciones que ineludiblemente se abren ante nosotros cada día.
El relato de la Última Cena en el evangelio de Juan nos proporciona una maravillosa imagen mística. El evangelista describe al “discípulo amado” reclinándose sobre el pecho de Jesús.
A punto de cumplir 75 años, el famoso novelista australiano Morris West escribió una serie de ensayos autobiográficos, titulada: “Una Vista Panorámica desde la Cumbre”. En el prólogo de ese libro West indica que a los 75 años necesitas tener solamente una palabra en tu vocabulario espiritual, gratitud…
Dios es “no-violento”. Dios no manda ni recomienda violencia. Nunca nadie debería justificar la violencia en nombre de Dios. Eso está claro en la revelación cristiana.
Hay muchas maneras por las que nuestro sistema de fe puede desequilibrarse, de forma que pueda dañar a Dios y a la iglesia. ¿Qué elementos contribuyen a una fe sana, equilibrada, ortodoxa?
Los antropólogos nos dicen que nuestras madres son nuestro enlace simbiótico a la vida. Tienen que informarnos que el universo nos quiere, que somos dignos de amor simplemente por lo que somos, que el amor no tiene que ganarse o merecerse.