La gente de nuestro mundo de hoy piensa que comprende el sexo. Pero no es así. Además, comienza ya a no hacer caso, e incluso a desdeñar, el modo cómo el cristianismo entiende la sexualidad.
La gente de nuestro mundo de hoy piensa que comprende el sexo. Pero no es así. Además, comienza ya a no hacer caso, e incluso a desdeñar, el modo cómo el cristianismo entiende la sexualidad.
¡Un nuevo Hedonismo, eso es lo que nuestro siglo quiere! Oscar Wilde profetizó esto hace más de un siglo y, según parece, es ahí precisamente hacia donde hemos evolucionado en nuestro mundo occidental.
Hoy en día no atribuimos mucho simbolismo a los números. Se mantienen todavía algunos pocos vestigios (la mayoría supersticiosos) de otros tiempos, tales como considerar el número siete como fuente de fortuna y el trece como fuente de desdicha. Para la mayoría de la gente, para nosotros, los números son arbitrarios.
Entre los grandes cuentos o historias populares que circulan en el mundo, los más comunes, los mejor conocidos y perennemente intrigantes son los que tratan de héroes y heroínas.
Hace unos años, un amigo mío hizo a su novia una propuesta de matrimonio, muy diferente del estilo de Hollywood: Este amigo tenía entonces unos cuarenta y tantos años y había sufrido un buen número de desengaños decepcionantes, algunos de los cuales, según él mismo reconocía, eran culpa suya…
Los católicos estamos bastante familiarizados con los Credos, tanto el del Concilio de Nicea como el de los Apóstoles, los dos grandes compendios que sostienen y fijan nuestra fe. Sin ellos, con el tiempo vamos a la deriva, nos desviamos del camino y nos perdemos. Los credos nos asientan y nos mantienen firmemente anclados.
Cuando ya no sabemos cómo orar, el Espíritu, en gemidos demasiado profundos para ser expresados en palabras, ora a través de nosotros. San Pablo escribió esas palabras, que contienen una sorprendente revelación y un admirable consuelo, a saber, hay una profunda oración que se da dentro de nosotros más allá de nuestra conciencia e independiente de nuestros deliberados esfuerzos
Después de que la Madre Teresa murió, sus diarios revelaron algo que impactó a mucha gente: durante los últimos 60 años de su vida -desde los 27 hasta los 87, en que murió- luchó por imaginar que Dios existía, y no tuvo la menor experiencia afectiva ni de la persona ni de la existencia de Dios.
¡Algún día tendrás que comparecer ante tu Creador! Todos hemos oído esta frase. Llegará la hora en que nos presentaremos solos delante de Dios, sin ningún lugar donde escondernos, ninguna estancia donde justificarnos y ninguna excusa que ofrecer por nuestras debilidades y pecados.
La iglesia ha luchado siempre con el sexo, pero lo mismo han hecho los demás. No hay culturas, religiosas o seculares, pre-modernas o modernas, pos-modernas o pos-religiosas, que expongan una característica sexual verdaderamente sana.
Hay tres clases de actores: Los primeros, mientras están cantando una canción o interpretando una danza, se hacen el amor a sí mismos. Los segundos, mientras están realizando la representación, hacen el amor a la audiencia. Los terceros, mientras están en el escenario, hacen el amor a la canción, a la danza, al drama mismo.