
Yo había leído tanto el libro de Taylor como La nube del no saber sin encontrar conexión entre los dos. Esa relación me la señaló una estudiante de doctorado cuya tesis dirijo. ¿Su tesis? Ella está vinculando el análisis de Taylor sobre la secularidad con la perspicacia fundamental del autor desconocido de La nube del no saber. He aquí su tesis resumida:
Una de las formas en que Taylor define nuestra era secular es esta: «El cambio hacia la secularidad consiste en pasar de una sociedad donde la creencia en Dios no se cuestiona y no presenta problemas, a una en la que se entiende como una opción entre otras, y frecuentemente no es la más fácil de abrazar». Taylor sugiere que dos cosas conspiran para producir esto.
Primero, ahora somos lo que él llama «personas protegidas» (o amortiguadas), es decir, hemos pasado de ser «un yo vulnerable a muchos miedos religiosos y supersticiones, a un yo protegido de todos los ‘espíritus’ dentro del mundo encantado». Tengo edad suficiente para haberme criado en ese mundo encantado donde espíritus, demonios y poderes sobrenaturales vivían bajo cada piedra, donde rociabas agua bendita por la casa durante una tormenta de truenos.
En segundo lugar, para Taylor, ahora vivimos dentro de lo que él llama una «cosmovisión inmanente», donde nuestro mundo secularizado nos da la idea de que no hay otro mundo más que este y que no necesitamos nada más allá de este mundo para lograr la plenitud, el sentido y la felicidad.
Taylor, un cristiano devoto, concluye diciendo que esta nueva situación no constituye una crisis de fe, sino más bien una crisis de imaginación. Los antiguos imaginarios dentro de los cuales imaginábamos nuestra fe ya no nos sirven. Necesitamos una nueva imaginación dentro de la cual vislumbrar nuestra fe.
¿Y de dónde podemos sacar esta nueva imaginación?
Según mi estudiante de doctorado, la nueva imaginación que necesitamos para volver a vislumbrar nuestra fe puede extraerse del consejo fundamental que nos da La nube del no saber. Pero esto no es evidente de inmediato.
En la superficie, lo que este escritor desconocido del siglo XIV defiende es una práctica de oración simple, no muy diferente de lo que muchos hoy llaman «oración de centramiento», donde vas a la oración sin ninguna agenda, petición o palabras. Simplemente te sientas en silencio, sin expectativas, confiando ciegamente en que Dios te dará lo que realmente necesitas.
Sin embargo, para el autor de La Nube esto no es solo una simple práctica de oración, es una postura básica ante la vida misma. Es una postura de honestidad radical, de sinceridad radical, donde te paras con el alma desnuda ante ti mismo, ante la vida y ante Dios. ¿Qué se está diciendo aquí?
En resumen, debido a nuestras personas protegidas y a nuestra conciencia inmanente, casi nunca estamos completamente desnudos de alma, casi nunca somos completamente sinceros (sine cere – sin cera), nunca somos completamente nosotros mismos. Es raro que logremos ponernos por debajo de todas las distracciones, ideologías, obsesiones culturales, traumas, ensueños y el pensamiento grupal que parecen colorear para siempre nuestra conciencia.
Lo que La Nube defiende es que nosotros, como nuestra postura habitual ante la realidad, tratemos de despojarnos de todo lo que no es verdadero en nosotros en un intento de permanecer fuera de todas nuestras distracciones y defensas, con el alma desnuda, impotentes para pensar o imaginar, solo pidiéndole a la vida y a Dios que nos den lo que ni siquiera podemos imaginar que es mejor para nosotros.
Taylor sugiere que necesitamos una nueva imaginación dentro de la cual volver a vislumbrar nuestra fe. La Nube sugiere que la nueva imaginación que necesitamos no será el resultado de pensarnos intelectualmente hacia una nueva forma de imaginar nuestra fe. Más bien, esa nueva imaginación se nos dará cuando estemos ante Dios, desnudos de espíritu, desprovistos de nuestra propia imaginación e impotentes para ayudarnos a nosotros mismos. Entonces, paradójicamente, cuando ya no podamos ayudarnos a nosotros mismos, podremos recibir ayuda de lo que está más allá de nuestro yo protegido y de la prisión inmanente virtual dentro de la cual vivimos. La vida y Dios ahora pueden fluir hacia nosotros, y fluir hacia nosotros de una manera no contaminada, precisamente porque estamos desnudos, impotentes y sin saber, ante el misterio de nosotros mismos, de la vida y de Dios.
Juan de la Cruz expresa esta invitación de esta manera: Aprende a entender más no entendiendo que entendiendo.
Lo que esto significa es que, paradójicamente, la fe comienza precisamente en ese lugar donde estamos tentados a pensar que se detiene, es decir, en ese lugar donde nos encontramos desnudos e impotentes para imaginar la fe y a Dios.
¿Cuál es nuestra verdadera lucha por la fe hoy? Charles Taylor nos da un diagnóstico. ¿Qué debemos hacer dentro de esta lucha? La nube del no saber nos da una receta.




