
La leyenda afirma que el icono fue pintado por San Lucas en Jerusalén, quince años después de la resurrección de Jesús. En 453, el emperador León I la llevó de Jerusalén a Constantinopla; posteriormente llegaría a Querson (Korsun) en Crimea. En 989 se ofreció al príncipe Vladimiro que la llevó a Kiev, entonces centro del naciente cristianismo ruso. Vladimiro había luchado en Crimea y ocupó Querson en 989 para obtener la mano de la princesa Ana, hermana del emperador Basilio II. Cuando Vladimiro evangelizó el Norte de Rusia, puso el icono en la iglesia de Santa Sofía de Novgorod. Allí permaneció hasta 1571, año en que Iván el Terrible conquistó Novgorod. Iván se apoderó del icono con intención de fijarlo en una pilastra de la catedral de la Asunción en Moscú. Se cuenta que el icono desapareció en 1812, llevado como botín de guerra por las tropas francesas a París, donde se colocó en la catedral de Notre-Dame. En Moscú la imagen fue sustituida por una copia antigua proveniente de la Iglesia de la Natividad de la Virgen.
Según otra tradición, el icono venerado en Jerusalén en la catedral de la Resurrección, había hablado a Santa María Egipcíaca, quien tras una vida indigna, se había convertido y entró a escondidas en la catedral para implorar el perdón de la Madre de Dios. Alzando los ojos hacia el icono, oyó una voz que le decía: Vete y atraviesa el Jordán y en el desierto encontrarás la paz”. Hasta los siglos XII y XIII numerosos peregrinos cuentan haber rezado delante de este icono, pero existen dudas de que se tratara de la pieza original.




