PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?
Lectura del santo evangelio según San Mateo 13, 44-52.
Vende todo lo que tiene y compra el campo
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?»
Ellos le contestaron: «Sí.»
Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
NOTAS BÍBLICAS
Continúa la lectura del capítulo 13 de san Mateo, iniciada dos domingos atrás, que contiene siete parábolas de Jesús que muestran cómo es el Reino de los Cielos; hoy se narran la quinta, la sexta y la última.
Las dos primeras son paralelas: algo que se encuentra, por lo que se vende todo para obtenerlo, y es de destacar que ese algo valioso estaba escondido a la vista, lo que vuelve a hacer referencia a la dinámica oculta del Reino. La primera de las dos añade la nota de que eso se hace con gran alegría; la segunda anota que el hallazgo es fruto de una búsqueda consciente. En cambio, la tercera cambia de perspectiva, refiriéndose al juicio del final de los tiempos, donde los ángeles separaran a los malos de los buenos, con distintos destinos, haciéndonos recordar la parábola de la cizaña, narrada en el domingo anterior. Si en las dos primeras parábolas el Reino es algo valioso que se obtiene no sin esfuerzo, en la tercera es el Reino que acoge a todos hasta un momento determinado, donde descartará a los malos.
Este capítulo 13 de parábolas de Jesús se cierra con una breve alegoría, donde compara al cristiano que se dedica a profundizar en la Biblia (al escriba que es discípulo ¿está hablando el evangelista de sí mismo?), con aquel cabeza de familia que saca de lo suyo tanto lo nuevo como lo antiguo, muy a tono con la insistencia de este evangelista en acoger el Antiguo Testamento desde la perspectiva del Nuevo, como cuando Jesús dice en 5,17 que no ha venido a anular la Ley y los Profetas (el Antiguo Testamento nuestro) sino a darle plenitud.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LO COTIDIANO
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical)
Este Evangelio me ha hecho detenerme y preguntarme qué es realmente lo más valioso de mi vida. Jesús habla de un tesoro escondido, de una perla de gran valor y de una red que, al final, separa lo que merece la pena de lo que no. Las tres parábolas me llevan a la misma pregunta: ¿qué ocupa el primer lugar en mi corazón?
Muchas veces me aferro a cosas que me dan seguridad o comodidad. Sin darme cuenta, doy demasiada importancia a lo pasajero y puedo perder de vista el verdadero Tesoro.
Lo que más me impresiona de este Evangelio es que el hombre que encuentra el tesoro y el comerciante que descubre la perla se desprenden de todo con alegría. No sienten que están perdiendo algo, porque han encontrado mucho más de lo que dejan atrás. Esa alegría nace de haber descubierto aquello que da sentido a todo lo demás.
DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(Hombre, casado, 3 hijos, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical)
Tanto el que encuentra el tesoro escondido, como el comerciante en perlas finas “venden todo lo que tienen” para conseguir tanto la perla, como el tesoro. Cabe preguntarse si quienes les vieran vender todo, pensarían que estaban locos. Aquellas personas habían encontrado algo que valía más que todo lo que tenían hasta entonces. Les merecía la pena cambiar lo que tenían por lo que habían encontrado.
A mucha gente le ocurre lo mismo tras tener un encuentro personal con Jesús. Su mansedumbre, su humildad, su hambre y sed de justicia, su castidad, su misericordia… hacen que la gente “venda lo que tiene” para conseguir el tesoro que es Jesús.
En nuestro matrimonio y familia también estamos llamados a “vender lo que tenemos” para seguir a Jesús. Y muchas veces nos miran o miramos a quien se enamora de Cristo, como a un loco o un exagerado. Que El nos ayude a tener la valentía para caminar en pos de Él, “vendiendo lo que tenemos” y a no desanimar ni disuadir a quien pretenda hacerlo.
TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?
(Hombre, casado, trabaja, pertenece a Movimiento cristiano)
Lo prioritario
Señor Jesús,
andamos muy dispersos en paparruchas,
muy encerrados en nuestros corralitos emocionales,
muy enardecidos con nuestras peleítas palabreras.
Somos como somos:
necios y torpes para lo que de verdad importa,
tú y tu santo misterio de salvación.
Señor Jesús,
como náufragos
entre escombros
de leyes, ritos y pomposas palabras,
intuimos que tú eres lo esencial.
Céntranos, céntranos más en ti.
Señor Jesús,
confusos,
miedosos,
aturdidos entre tanto ruido hiriente,
presentimos que tú eres lo esencial.
Asegúranos, asegúranos más en ti.
Señor Jesús,
desarraigados,
a la intemperie
en estos tiempos intimidantes
vislumbramos que tú eres lo esencial.
Ilumínanos, ilumínanos más con tu bondad.
Señor Jesús,
escindidos de ti,
escindidos de los demás,
escindidos de nosotros mismos,
nos damos cuenta de que tú eres lo esencial.
Únenos, únenos más a ti.
Señor Jesús,
desorientados,
erráticos,
asustados
como exiliados en tierra de nadie,
alcanzamos a medio comprender
que tú eres lo esencial.
Ábrenos, ábrenos más a ti.
Señor Jesús,
cansados,
desvertebrados,
casi sin aliento,
ante tantos retos,
tantos sufrimientos,
tanta barbarie,
sabemos asombrosamente que tú eres lo esencial.
Arráiganos, arráiganos respiración a respiración más en ti.
Señor Jesús,
lo esencial,
lo fundamental,
lo fontanal.
Señor Jesús,
lo ineludible,
lo vertebrador,
lo medular.
Señor Jesús,
el que da sentido
el que da significado,
el que da sensibilidad.
Señor Jesús,
la entraña,
la vida,
la salvación.
Amén.
Aleluya,
Aleluya.
Aleluya.
CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)
ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?
(Mujer, casada, 3 hijos, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)
Este pasaje del Evangelio, me recuerda que el mayor tesoro no son los bienes materiales, el reconocimiento o el éxito, sino vivir unida a Cristo. Él es quien da sentido a mi vida, llena mi corazón de paz y me enseña a amar de verdad.
Llevar este Evangelio a la acción en mi día a día significa elegir a Dios cada mañana. Significa dedicar un tiempo a la oración, aunque tenga muchas ocupaciones; acudir a la Eucaristía cuando me sea posible; leer la Palabra para dejar que ilumine mis decisiones y confiar en el Señor cuando las cosas no salen como espero.
También me invita a desprenderme de aquello que me aleja de Dios: el orgullo, la impaciencia, el deseo de controlar todo, las críticas, el rencor o el exceso de preocupaciones. «Vender todo» no siempre significa renunciar a cosas materiales; muchas veces significa dejar actitudes que ocupan el lugar que solo Dios debe tener en mi corazón.
En mi familia vivo este Evangelio ofreciendo un amor paciente, escuchando con atención, perdonando con generosidad y sirviendo con alegría, incluso en las tareas más sencillas y ocultas. En el trabajo o en mis responsabilidades diarias, puedo hacerlo siendo honesta, responsable, amable, siempre con una sonrisa y dando lo mejor de mí como si cada tarea fuera una oportunidad para servir al Señor.
La parábola de la red también me recuerda que Dios conoce mi corazón y que un día me llamará a su presencia. No debo vivir con miedo, sino con el deseo de crecer cada día en el bien, confiando en su misericordia y procurando que mis obras reflejen la fe que profeso.
Equipo de Coordinación del Evangelio Seglar



