PRIMER PASO: LECTIO
¿Qué dice el texto?
Lectura del santo evangelio según Mateo 10,37-42
El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.»
NOTAS BÍBLICAS
Hoy Jesús «acaba de dar instrucciones a sus doce discípulos» (11,1) a «los que envió» (10, 5) y que se ha proclamado a lo largo de los tres últimos domingos.
Hay dos partes, una que presenta las exigencias de Jesús para poder ser discípulo suyo, y otra que alude a las ventajas que tiene.
En la parte de las exigencias:
1 . Primero afirma que la relación con Él tiene prioridad sobre la relación con la familia. Usa un semitismo que puede ser traducido por «odiar», pero más acertadamente por «querer más».
2. El «querer más» a Jesús también incluye el quererlo más que a uno mismo, que es lo que implica la expresión «cargar con su cruz»: Los condenados por los romanos eran expuestos al escarnio público al ser obligados a caminar con la cruz; Jesús advierte que seguirlo a Él puede tener consecuencias ante los demás.
3. En tercer lugar hace un juego de palabras sobre ganar/perder la vida: Seguir el camino de Jesús es «perder la propia vida por Él», que es el camino para encontrar la auténtica vida.
4. Por último, insiste en la necesaria renuncia a los bienes cara al seguimiento, un aspecto resaltado por Lucas en numerosas ocasiones.
En la parte consoladora, Jesús promete recompensa incluso al que simplemente de un vaso de agua fresca a alguien por reconocer en él a un discípulo suyo: hasta lo más nimio es tenido en cuenta cuando se beneficia a un solo discípulo suyo. Los discípulos son llamados «estos pequeños» por Jesús; la grandeza está en uno mismo, sino en ser seguidor de Jesús.
SEGUNDO PASO: MEDITATIO
¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LO COTIDIANO
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a una comunidad de laicos
Cuando escucho las primeras palabras de Jesús de este evangelio, siento inquietud. Me resultan exigentes y, en cierto modo, me asustan. Amo profundamente a mi familia y no me siento capaz de vivir este mandato de una manera radical.
Durante mucho tiempo entendí este texto como una elección entre Dios y las personas que amo, y eso me producía rechazo y miedo. Pero al meditarlo mejor, descubro que Jesús no me pide amar menos a los míos, sino poner a Dios en el centro de mi vida para que todo lo demás encuentre su lugar.
Reconozco que muchas veces busco seguridad en el cariño, la cercanía y la aprobación de quienes quiero. Y este evangelio me recuerda que ninguna persona, por importante que sea, puede ocupar el lugar que solo corresponde a Dios.
Aun así, me cuesta. Necesito sentirme querida, acompañada y comprendida. Me da miedo perder lo que amo o no estar a la altura de lo que Jesús me pide.
Por eso hoy no veo estas palabras como una meta alcanzada, sino como una invitación a confiar más. Le pido al Señor que me ayude a comprenderlas desde el amor y no desde el miedo; que me enseñe a ponerlo en el centro sin dejar de amar profundamente a mi familia. Y que, cuando me sienta incapaz de responder a su llamada, recuerde que Él no me pide perfección, sino un corazón sincero dispuesto a caminar cada día con Él.
desde EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(Hombre, casado, 3 hijos, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)
Los padres, los hijos, la familia, el trabajo, el deber cotidiano, la propiedad, el bienestar… Parece una lista de valores repetidos hasta la saciedad, a muchos nos han dicho y repetido su importancia casi desde que andábamos a gatas. Es una lista que casi se le identifica sin más con el cristianismo. Pues bien, hoy Jesús nos recuerda algo obvio, quizá porque sabe que tendemos a olvidar lo que no nos conviene, por obvio que sea.
El cristianismo consiste en seguir a Cristo, es decir, el criterio, siempre, para todo, es el propio Cristo. ¿He de querer a mis padres? ¿A mis hijos? ¿A mí familia? Por supuesto, pero en función de Cristo, de su vida, de su mensaje, de su Pasión, Cruz y Resurrección.
Estas palabras que nos parecen tan duras y difíciles de asumir quieren simplemente decir que, si quiero ser cristiano, el criterio para mis actuaciones, decisiones o afectos no soy yo y mis prioridades sino que debe ser el propio Cristo y sus prioridades.
TERCER PASO: ORATIO
¿Qué nos hace decir el texto?
(Hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad eclesial)
PRIORIDADES
Cristo, contigo, dejarnos transformar por el evangelio.
Cristo, contigo, vivir tu presencia en el silencio, la oración, la interioridad.
Cristo, contigo, enfocarnos en los retos que nos pone por delante el evangelio.
Cristo, contigo, afrontar la sanación de vínculos rotos dentro y fuera de la iglesia.
Cristo, contigo, reconocerte en los pobres como presencia que nos indica el criterio último de verdad evangélica.
Cristo, contigo, cuidar la verdad, la libertad, la escucha.
Cristo, contigo, estar disponibles para la humildad, la paciencia, la sencillez.
Cristo, contigo, sentirnos dentro de los dinamismos de la vida, de la consciencia, de la comunión.
Cristo, contigo, porque nadie atraviesa con sus fuerzas las crisis culturales humanas que vivimos y que se avecinan.
Cristo, contigo, hacer visible que la esperanza es posible en los detalles de la vida cotidiana.
Cristo, contigo, superar las inercias en las que nos refugiamos.
Cristo, contigo, no militar en la cofradía de los avinagrados, de los cabreados, de los frustrados.
Cristo, contigo, asociarnos con los que buscan la verdad, el bien, la justicia.
Cristo, contigo, purificar nuestros deseos. nuestras miradas, nuestras palabras.
Cristo, contigo, vivir desde la confianza.
Cristo, contigo, vivir desde la vida interior profunda.
Cristo, contigo, vivir desde la creatividad que toca el corazón de las personas.
Cristo, contigo, vivir la sobriedad solidaria.
Cristo, contigo, vivir buscando destellos de la fuerza de tu Espíritu.
Cristo, contigo, vivir con más fe.
Cristo, contigo, vivir con más libertad.
Cristo, contigo, vivir con más comunión.
Cristo, contigo, vivir con más cuidado de toda vida.
Cristo, contigo, vivir con más paz.
Cristo, contigo, vivir con más pureza de intención.
Cristo, contigo, vivir buscándote más y más.
Amén.
Aleluya, aleluya, aleluya.
CUARTO PASO: CONTEMPLATIO
¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)
ÚLTIMO PASO: ACTIO
¿A qué nos lleva el texto?
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)
En este Evangelio, el Señor me invita a darle el primer lugar en mi vida, por encima de todo. Lejos de alejarme de mi familia, poner a Dios en el centro me ayuda a quererla más y mejor: a comprender a mis hijos adolescentes, a cuidar con paciencia a mis familiares enfermos y a amar con un corazón más generoso.
Cuando Dios ocupa el lugar principal, encuentro fuerzas para levantarme cada mañana y ofrecerle todo por amor: el trabajo diario, aunque cueste; el servicio a los demás, aunque muchas veces preferiría pensar solo en mí mismo; y las dificultades que se presentan en el camino.
Jesús también me pide que cargue con mi cruz. Me invita a poner nombre a esas cruces concretas que aparecen cada día. A no ignorarlas ni rechazarlas, sino a tomarlas, abrazarlas, aceptarlas y presentarlas al Señor.
A veces llevar la cruz resulta difícil, y entonces necesito pedir ayuda a Dios y a las personas que Él pone a mi lado para acompañarme.
Al final del Evangelio, Jesús nos recuerda que los pequeños gestos cuentan. Incluso quien da un vaso de agua fresca a uno de sus discípulos recibirá su recompensa.
La santidad no consiste únicamente en grandes sacrificios, sino también en los pequeños actos de amor de cada día:
– Escuchar con atención.
– Ayudar en casa sin que nos lo pidan.
– Ser amables con quien está solo.
– Compartir nuestro tiempo y nuestros conocimientos con quien lo necesita.
– Rezar por quienes están sufriendo.
Cargar con la cruz no suele consistir en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con fidelidad, paciencia, humildad y amor las circunstancias concretas que Dios permite cada día, caminando detrás de Cristo. Así, la cruz deja de ser solamente un peso y se convierte en camino de resurrección.



