Al ver… sintió compasión. Domingo XVIII, tiempo ordinario, ciclo A

Jesús acaba de enterarse de que han matado a Juan el Bautista: a su primo, a su precursor, al que le preparó el camino.

Y lo primero que hace es buscar un lugar apartado para estar solo. Necesita silencio. Necesita llorar, quizás. Necesita a su Padre..

Pero la gente lo sigue. Multitudes. A pie, rodeando el lago. No le dejan espacio

Y Jesús podría haberse enfadado. Podría haber pedido un momento, por favor, que acabo de recibir una noticia terrible. Pero Mateo dice algo que ya hemos escuchado antes y que no deja de impresionarme:

Al ver tanta gente, le dio compasión.

Con su dolor dentro, ve el dolor de los demás. Y se entrega. Cura a los enfermos. Pasa el día con ellos. Y cuando cae la tarde y los discípulos, muy prácticos ellos, le dicen: mándales que se vayan a comprar comida a los pueblos… Jesús dice: no hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer.

Y aquí está el momento que me parece clave. Los discípulos miran lo que tienen. Cinco panes y dos peces. Y la conclusión es obvia: esto no llega para tanta gente.

Jesús no discute la cuenta. Simplemente dice: traédmelo. Traédme lo poco que tenéis.

Bendice. Parte. Y da. Y alcanza para todos. Sobra.

No sé exactamente cómo ocurrió aquello. No necesito saberlo. Lo que sí sé es lo que me dice a mí.

Cuántas veces me he paralizado porque lo que tengo me parece demasiado poco. Poco tiempo, poca energía, poco talento, poca fe incluso.

Y la tentación es esperar a tener más para entonces dar. Pero Jesús no pide abundancia. Pide que le traiga lo que tengo. Cinco panes y dos peces. Lo justo para una persona. Lo ridículo para cinco mil. Y sin embargo es suficiente cuando pasa por sus manos.

Hay algo más en esta escena que no quiero perder. Jesús da los panes a los discípulos. Y los discípulos los dan a la gente. No lo hace solo. Los necesita a ellos. Los necesita a nosotros.

Hoy, si estamos mirando lo que tenemos y pensando que no es suficiente…Quizás la pregunta no es ¿tengo bastante? Sino ¿se lo he dado a él?

Publicado en el blog «Ecología del Espíritu«