Evangelio Seglar para el Domingo del 21 de junio de 2026

19 de junio de 2026

PRIMER PASO: LECTIO

¿Qué dice el texto?

Lectura del santo evangelio según Mateo 10,26-33

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.»

SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LO COTIDIANO
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a una comunidad de laicos

Cuando leo este evangelio, me doy cuenta de la cantidad de veces que el miedo condiciona mi vida. No se trata de grandes temores, sino de esos pequeños miedos que aparecen cada día: miedo a equivocarme, a no estar a la altura, a que los demás no entiendan mis decisiones o a no ser capaz de responder a las responsabilidades que tengo delante.

Jesús repite varias veces: «No tengáis miedo». Y me lo dice también a mí. Porque muchas veces vivo como si todo dependiera exclusivamente de mis fuerzas o de que las cosas salgan exactamente como había planeado. Pero Dios conoce mi vida mucho mejor que yo misma, está presente incluso en los detalles más pequeños y nada de lo que me preocupa le resulta indiferente.

Cuando Jesús dice que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, me habla de lo importante que soy para Dios. En medio de las preocupaciones familiares, laborales o personales, esta certeza me da paz y me ayuda a confiar más.

También me invita a dar testimonio sin miedo. Muchas veces consiste simplemente en actuar con coherencia, ayudar a quien lo necesita, defender lo que considero justo o mantener una actitud positiva cuando las circunstancias no acompañan. Son pequeños gestos que hablan de lo que llevo en el corazón.

Hoy este evangelio me invita a vivir con más confianza y menos miedo. A recordar que no estoy solo, que Dios camina conmigo y que, incluso cuando las cosas no salen como esperaba, sigo estando en sus manos. Para mi esa es una razón suficiente que me permite afrontar cada día con esperanza.

desde EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(Hombre, casado, 3 hijos, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)

Hasta tres veces nos dice hoy el Señor que no tengamos miedo. Porque merece la pena dar la cara por Él. Por la Verdad, por la Paz, por la Belleza, por la Solidaridad. Que no tengamos miedo ante el terror, ante la mentira o la media verdad, ante el egoísmo, la violencia, el mal, incluso el mal menor.

Jesús nos asegura que se pondrá de nuestra parte ante el Padre celestial si nosotros nos ponemos de su parte y no le negamos.

Todas estas son actitudes que se respiran en familia, porque la educación se transmite más por lo que se vive que por lo que se dice. Por tanto, un ambiente de miedo educará en el miedo, mientras que un ambiente familiar en que se respire caridad, fe o esperanza, comunicará a Dios.

¿Y si le negamos? Recordaremos a San Pedro, la Piedra sobre la que Jesús edificó la Iglesia y uno de los primeros en negarle. Fijémonos en las oportunidades que se nos ofrecen para arrepentirnos y hagamos un propósito firme de no negarle más y de vivir también en familia esta alegría del perdón de Dios.

TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?
(Hombre, casado, trabaja, pertenece a comunidad eclesial)

NO TENER MIEDO

Señor Jesús:
no tener miedo a la verdad.
Por ti sabemos que el cuidado de la verdad nos hace libres,
nos acerca al Reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo a la fragilidad.
Por ti sabemos que tu poder y tu vida
nos fundamenta en lo mejor de nosotros mismos
y nos acerca al Reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo al sufrimiento.
Por ti sabemos que el sufrimiento,
sea cual sea su origen,
no tiene la última palabra,
aunque nos desazone.
Y esta certeza
nos acerca al Reino,
tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo de la cultura contemporánea.
Por ti sabemos
que siembre hay semillas de santidad
donde hay seres humanos,
hagan lo que hagan
Esta verdad radical
nos acerca al Reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo de la libertad.
Por ti sabemos que la libertad nos impele
a la dar lo mejor de nosotros
en la siembra y el cultivo de un mundo mejor.
Esta intuición nos acerca al Reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo a las preguntas.
Por ti sabemos que la exploración de las fuerzas de tu Espíritu
tan presentes en los que cuidan la dignidad humana,
nos acerca al Reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo al cambio.
Por ti sabemos que la realidad es un dinamismo de dinamismos
que nos reclama creatividad y compromiso.
Y esto nos acerca al reino.
Tu Reino.

Señor Jesús:
no tener miedo al juicio de los demás.
Por ti sabemos que nuestra vida está delante del Padre
y que su palabra es la que nos alimenta
y lo que realmente es importante en nuestra vida.
Y esto nos acerca al Reino,
Tu Reino.

Señor Jesús,
superar los miedos,
tan humanos,
tan demasiado humanos…
por ti,
ante ti,
contigo.

Señor Jesús,
Presencia que nos enraíza
en el misterio de la vida,
en el misterio de la santidad,
en el misterio de la comunión.
Amén.

Aleluya, aleluya, aleluya.

CUARTO PASO: CONTEMPLATIO

¿Quién dice el texto?
(Autorizado por el autor, Fano en www.diocesismalaga.es)

ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?
(Mujer, casada, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad eclesial y movimiento laical)

Al leer este Evangelio desde mi vida cotidiana como cristiano, no es una invitación a no sentir miedo, sino a no dejar que el miedo decida por mí.

En mi día a día tengo miedo a equivocarme, a la enfermedad, al fracaso, al qué dirán, a hablar de mi fe, a la soledad o al sufrimiento. Muchas veces creo que para no tener miedo tengo que ser fuerte. Pero Jesús me propone otra cosa: confiar en que Dios está conmigo en cada situación en el que el miedo me invade.

Me ayuda hacer oración y decir: «Señor, tengo miedo, pero confío en que Tú caminas conmigo.»

Dios conoce cada preocupación, cada problema y cada herida. No soy un número para Él. No se trata de negar mis miedos, sino de ponerlos en manos de Dios. El Papa Juan Pablo II lo repitió una y mil veces “No tengáis miedo a seguir a Jesús.”

Yo en mi vida diaria puede seguir a Jesús, confiar en Él y no tener miedo: diciendo la verdad siempre aunque me perjudique, perdonar cuando es más fácil guardar rencor, defender a alguien que está siendo tratado injustamente, mostrar mi fe sin vergüenza, acudir a misa o rezar, aunque otros no lo entiendan.

Cada pequeño acto de confianza debilita el poder del miedo. La fe, en cambio, me recuerda que Dios puede actuar incluso en medio de lo difícil. Los santos no fueron personas sin miedo; fueron personas que decidieron seguir adelante confiando en Dios a pesar del miedo.

Pregúntate: «¿Qué haría si confiara plenamente en que Dios está conmigo?». Y da un pequeño paso en esa dirección.

“No tengáis miedo; valéis mucho más que los gorriones”.


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