
No es tarea fácil. Como escribe Nicole Krauss en su novela La historia del amor, vivimos con la «insoluble contradicción de ser animales condenados a la autorreflexión y seres morales condenados a los instintos animales». Sí, somos criaturas de barro que llevan dentro el aliento de Dios.
En lo más hondo de nuestro ser llevamos la imagen y semejanza de Dios, pero no debemos imaginárnoslo como un icono bonito grabado en nuestra alma. No. Es fuego, fuego divino. En cada uno de nosotros hay un soplo de infinitud que nos mantiene en una inquietud innata, nos despierta anhelos que jamás podremos colmar en esta vida y, como dice el libro bíblico del Eclesiastés (Qohelet), nos deja siempre desacompasados respecto a las estaciones. Como dejó escrito san Agustín en su famosa frase: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». Como seres humanos, somos patológicamente complejos e inquietos.
Y así es como se puede manifestar todo esto en una vida de fe.
Cuando lees Historia de un alma, de santa Teresa de Lisieux, descubres una paradoja, casi una contradicción. Por un lado, encarna de maravilla lo que debe ser el desapego cristiano; es todo un modelo de entrega y olvido de sí misma. Sin embargo, también está muy apegada a ciertas cosas, como a su familia, y podía caer en un pequeño bajón anímico si sus familiares faltaban a una visita. Teresa fue una mujer compleja, no una santa sin luchas interiores; y su forma honesta de compartir esas dificultades es una de las razones por las que sus escritos llegan tan hondo.
Lo mismo le ocurre al célebre científico, escritor espiritual y místico Pierre Teilhard de Chardin. Así se definía a sí mismo (con palabras que venían a decir esto): «Nací en este mundo con dos grandes amores: el amor a Dios y el amor al mundo. Cuando pienso en Dios, me falta el aliento; pero cuando contemplo el mundo y su belleza pagana, también me quedo sin respiración. Mi vida es una lucha continua entre arrodillarme ante lo divino y arrodillarme ante lo pagano».
Planteo este marco para presentar y recomendar un libro reciente de Maria Shriver: I Am Maria – My Reflections and Poems on Heartbreak, Healing, and Finding Your Way Home (Soy María: Mis reflexiones y poemas sobre el desamor, la sanación y el camino de vuelta a casa).
Muchos conocemos a Maria Shriver por pertenecer a la conocida familia Kennedy y por haber sido primera dama de California; pero estas memorias nos la muestran desde una perspectiva muy distinta. No se trata del libro de una famosa apoyándose en su popularidad, sino de una obra profunda: en la práctica, una Historia de un alma contemporánea.
Shriver da voz a la lucha de un alma sensible al compartir su propio camino, tanto de mujer de mundo como de mujer de fe. Al igual que Teresa de Lisieux, vive un desapego sano aun aferrándose a ciertas cosas terrenales. Como a Teilhard de Chardin, Dios y la fe le cortan la respiración al mismo tiempo que lo hacen algunos consuelos de esta vida terrena. Se toma en serio tanto su cuerpo como su espíritu y pone nombre, con absoluta sinceridad, a las tensiones que eso le genera. Muestra una piedad profunda a la par que un espíritu sanamente iconoclasta. Lleva muy bien esas tensiones.
Su camino es de esperanza y realismo al mismo tiempo. Por ejemplo, cierra su poema Mi meditación matutina con estos versos:
Claro que hay cosas que me asustan, como quedarme sola el resto de mi vida,
pero si eso pasa, que así sea.
Seguiré rodeándome de belleza
para poder conectar con lo bello, lo espiritual, la parte femenina de mi ser.
Carl Rogers sugería que «lo más personal suele ser lo más universal». Shriver comparte luchas íntimas y profundas en las que nos reconocemos enseguida. Y tiene un tacto de artista al hacerlo: honda e íntima, sin caer jamás en el exhibicionismo. No te hace apartar la mirada en ningún momento, señal inequívoca de una buena escritora.
La primera vez que leí a Henri Nouwen tuve la sensación de encontrarme conmigo mismo: «¿Cómo me conoce tan bien? ¿Está escribiendo solo para mí?». Si eres de los que conviven con la sensibilidad a flor de piel, tendrás esa misma sensación al leer el libro de Shriver.
Alguien dijo una vez sobre la añorada cantante Karen Carpenter que, cuando la escuchabas cantar, parecía que lo hacía solo para ti, hablándote directamente al oído. El libro de Maria Shriver te dejará exactamente esa misma impresión.


