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Carta de Satanás

Enrique Martínez, cmf -

CARTA DE SATANÁS



     Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin siquiera saludar a tu Dios. En todo el día no hiciste ni un momento de oración; no te dirigiste a Él para nada. Ni siquiera te acordaste de bendecirle por los alimentos que estaban en tu mesa. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti.

         También me agradaba la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano. Rara vez lees la Biblia y cuando lo haces estás cansado. Oras muy poco y muchas veces sólo recitas mecánicamente palabras que no meditas. Por cualquier pretexto te disculpas de las reuniones de tu grupo de reflexión-formación.

              ¿Y qué decir de tu tacañería en comprometerte con el Evangelio o en aportar algo en las campañas solidarias? Todo eso es muy útil para mí. No puedes hacerte una idea de lo que me alegra que en todo este tiempo en que llevas de cristiano, no hayas cambiado tu manera de comportarte. Después de todos esos  años sigues como al principio: crees que no tienes nada que cambiar de ti, de tu vida... ¡me encantas!

           Recuerda que Dios y yo convivimos juntos mucho tiempo. Aún le detesto, como también te detesto a ti por ser hijo suyo, y me sirvo de ti para molestarle. Él me echó del cielo y yo voy a emprenderla contigo utilizarte mientras pueda para vengarme de Él.

        Mira, ignorante: Dios te ama y tiene grandes planes preparados para ti, pero tú eres tan inconsciente que te has ido poniendo poco a poco a mi servicio, y yo voy consiguiendo que te alejes más y más de él cada día. Así conseguiré que estés conmigo eternamente, y esto sí va a dolerle a tu Dios. Con tu (inconsciente) cooperación voy a mostrar quién es realmente el que gobierna tu vida. ¡Con la de momentos que vamos pasando juntos...!


        Hemos disfrutado juntos mucho de tu tiempo libre, cuando te dejas llevar por lo que hace todo el mundo y dejas de «ser tú». Y esas veces en que has sido débil e infiel a ti mismo con aquella personita que se puso a tiro y que tomaste tan poco en serio. ¡Qué bien nos lo pasamos! Y me encanta ver que no le das importancia, que no te arrepientes, que te justificas diciendo que eres joven y tienes derecho a disfrutar de la vida. No hay duda: eres de los míos.

Disfruto mucho con tus horarios locos, con tu falta de previsión y organización, con tu precipitación, con tu falta de reflexión para tomar las decisiones, para ser coherente, para aprender de lo que ocurre a tu alrededor. Lo poco que te gusta escuchar tu voz interior y lo bien que se te da huir del silencio... Y lo que me río cuando se te presentan ocasiones de mostrar que eres cristiano -según dices-: qué bien se te da salirte por la tangente, o callarte o decirte que no merece la pena discutir, que no lo entenderían...

           Tengo que agradecerte que con cierta frecuencia eres un gran colaborador mío y me prestas servicios increíbles: cuando das malos ejemplos a la gente que vive a tu alrededor, cuando les ríes las gracias que hacen dejándose llevar de lo que yo mismo les susurro al oído, cuando no te metes a corregirles a pesar de que no te guste lo que están haciendo, cuando renuncias a exigirles sus obligaciones... ¡eres fantástico! Cada vez te pareces más a mí.

           Pero lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte: casi siempre caes por ti mismo.  Tú buscas los momentos apropiados, tú te expones a situaciones inconvenientes, tú buscas los ambientes en los que yo me siento cómodo, e incluso compañías que yo no sabría elegirte mejor... Y como tienes olvidados los Sacramentos y casi todo lo que podría mantenerte en contacto con tu Dios... cada vez te miro con más ternura y te voy sintiendo de los míos... ¡Y sin que te des cuenta! Porque, malo, malo, no eres. Incluso haces de vez en cuando algunas cosillas para sentirte bien.  Simplemente eres tibio, mediocre, como la mayoría... Y ya dijo Dios que la gente así le da asco y la echa de su presencia.

         No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero estás tan a gusto en tu pellejo y en tu estilo de vida, que no creo que vayas a cambiar. Ni con este mensaje ni con mil consejos que te den. No me malinterpretes: no pretendo ayudarte lo más mínimo. Si estoy pendiente de ti es porque me agrada cómo tu manera de comportarte hacer quedar en ridículo a Jesucristo y a todo lo que dice haber hecho para salvaros. Ánimo: no te canses. Sigue así.

Tu enemigo mortal
Satanás


PISTAS DE TRABAJO PERSONAL O PARA EL GRUPO


1. Enumerar todos los temas que se tocan en la carta.
2. ¿Cuáles de ellos «me valen»/afectan directamente? ¿Cómo vivo cada uno de ellos realmente?
3. ¿Cuáles son las dudas e inquietudes que tengo en cada uno de ellos? Ponerlos por orden de importancia
4. ¿Cuáles crees que son las razones de las crisis de fe más habituales entre los jóvenes de tu generación?
5. ¿Te consideras creyente? ¿Por qué? ¿Qué hace falta para considerar a alguien «creyente»?: Hacer una definición de persona cristiana creyente con los elementos indispensables.
6. ¿Es lo mismo ser buena persona y ser creyente-cristiano?¿Merece la pena ser cristiano hoy?
7. El cristiano no «nace» ni lo es definitivamente: Hay que cuidar, podar, hacer crecer... ¡trabajarlo! Y es normal que haya crisis, bajones... ¿Estás dispuesto a poner algo de tu parte para buscar/cuidar/madurar tu fe? En todo esto de la fe no es suficiente con «hablar, opinar, discutir»... hace falta un trabajo personal y contrastar con  otros que hayan hecho un recorrido más maduro que el mío, dejarse cuestionar... (sea cual sea la opción que uno haya tomado).
Enrique Martínez, cmf
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