El día 2 de Febrero celebramos la “Jornada de la Vida Consagrada”, y este año conmemoramos el 50 aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. Con este doble motivo, puede ser oportuno reflexionar sobre la marcha de la Vida Consagrada durante este último medio siglo, dónde se halla hoy día y qué futuro parece que va a tener.
Todos hemos oído hablar los días pasados del naufragio de la nave-crucero italiana “Concordia” frente a las costas de la “Isla del Lirio” (“Isola del Giglio”), debido a la imprudencia sumada a la cobardía posterior de su comandante.
Estamos comenzando un nuevo año y una vez más me ha venido a la memoria una exclamación que he oído frecuentemente y que siempre me ha interrogado; cuando alguien te dice: “¿Qué significado y fin tiene la vida cuando no hacemos más que correr, correr..., trabajar, algún momento de descanso, tantos momentos empapados de dolor, o en los que la salud vacila o se quiebra y, al final..., la muerte?”.
He pasado un par de semanas en Vladivostok. Está muy, pero que muy lejos de todo. El viaje en avión desde Moscú lleva 9 horas (8 horas, 55 minutos, no hay que exagerar…)
Estamos a punto de celebrar las Fiestas de Navidad, Año Nuevo, Epifanía... Quizás hemos decidido ser particularmente generosos con alguien durante estas Fiestas. Efectivamente, en muchas partes, sobre todo con motivo de la Navidad, se organizan encuentros, celebraciones religiosas, comidas...
Hemos acabado el año litúrgico con un Evangelio que más concreto no podía ser. Entre otras cosas, leemos las siguientes palabras del Maestro: “... Estaba ennfermo y me visitasteis...” (Mt 25, 35).
Me da la sensación de que si hay un mes a lo largo del año que no deja indiferente en ninguna comunidad cristiana es el de Noviembre. Depende de la fe y de la cultura.
Quisiera concluir cuanto escribí en el artículo anterior, a propósito del valor humano y cristiano de la amistad. Veamos algunos testimonios, comenzando por la Palabra de Dios: “Hay compañeros que se pelean, / y amigos más unidos que hermanos” (Pro 18, 24)...
La amistad, decía el filósofo griego Aristóteles (384-322 aC), es la cosa más necesaria en la vida; y según el orador latino M. T. Cicerón (106-43 aC), el sol de la vida.
En vísperas y durante el JMJ-2011 de Madrid ha habido quien ha criticado fuertemente el evento acusándolo de cargar sobre las espaldas “inocentes” del contribuyente español. Incluso han habido manifestaciones de protesta (a decir verdad, numéricamente incomparablemente inferiores al número de participantes en el JMJ), no sólo en los medios de comunicación social sino en la calle.
En el hemisferio norte nos encontramos en pleno verano y en el sur sumergidos en el invierno. Ayer me escribía un amigo envuelto en las nieves de Andacollo (Chile), y yo le respondí desde el calorazo romano (Italia).
Una de estas vocaciones es la de “cura de calle”, uno que no sabe estar en una parroquia “normal”, sino que se dedica a actividades liminales, cuando no peligrosas: ir al encuentro y dar una mano a vagabundos, niños sin familia, pequeños criminales, prostitutas, enfermos, drogadictos..., y para ello ha fundado “comunidades”
El P. Guy Barbier, “Isä” Guy, como suena en finlandés, un sacerdote francés de casi noventa años (los hubiera cumplido el 20 de noviembre) y que precisamente este día 29 de junio cumplía 60 años de sacerdocio.
“La vida del hombre son setenta años, / ochenta para los más robustos (...) / Oh Dios, enséñanos a contar nuestros días, / para que obtengamos un corazón sabio” (Salmo 90,l0.12). Así escribía el salmista de la Biblia hace unos tres mil años...
El día uno de este mes de Mayo el Papa Benedicto XVI proclamó Beato a Juan Pablo II (+ 2005). El tres de Junio del año 2000 Juan Pablo II había proclamado Beato a Juan XXIII (+ 1963).
El mes pasado, Marzo, hemos vivido un terremoto que nos ha hecho temblar a todos, un tsunami que ha destruído en pocos minutos muchas de nuestras seguridades, y unas radiaciones atómicas invisibles que ahí están amenazándonos todavía
Cuando inauguré mis sesenta años de edad, escribí un artículo en ciudadredonda con el título: “De cómo decir que uno se siente joven a los sesenta años y no caérsele la cara de vergüenza” (Noviembre 2002). Quizás alguien de Uds. lo recuerde.
Este mes, en vez de ofrecerles una reflexión o unos hechos más o menos bien entrelazados, les ofrezco algunas frases sueltas y algunos hechos escuetos; como esas macedonias hechas con diversas frutas que acaban teniendo un sabor y muchos sabores a la vez.
La historia no se para. Estamos pasando del 2010 al 2011, como si nada, la historia no se ha parado, sino que va cada vez más veloz. Yo que me creía actualísimo porque escribo y recibo emails, resulta que para la última geneación soy ya de otros tiempos, de los “viejos”,
Feria
Mc 6,30-34. Andaban como ovejas sin pastor
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