Equipo de Formación de Laicos (Claretianos - Castilla) - Jueves 15 de Junio del 2006
La persona es trascendencia: abierta al diálogo con Dios, padece y asimila el tiempo y la eternidad, lo que pasa y lo que queda. No queda aprisionada en los límites del espacio y del tiempo. Es habitación y hogar con ventanas abiertas.
La persona es también, a la vez, inmanencia: vive en unas circunstancias espacio-temporales concretas, en una cultura y pueblo concretos. El hombre es ciudadano del mundo, da y recibe, con cuerpo, con herencia genética, en un pueblo de historia y valores propios. La espiritualidad del laico integra las dos dimensiones; las equilibra como el signo de la Cruz: diálogo filial con Dios, palo vertical; servicio desinteresado al prójimo, palo horizontal.
En su vida espiritual se funden en perfecta unidad todas las dimensiones de su existencia: inserción en el mundo, responsabilidades y tareas temporales, amor y familia, oración, vida sacramental... como expresiones inseparables de la realidad única del amor con que ama a Dios y a sus semejantes.
PARA PENSAR Y DIALOGAR
1. ¿Están equilibradas en tu vida la oración y la acción? Una anula la otra o se complementan?
La opción por la humildad a partir de la renovada identidad de un laico comprometido y conciente de su ser, que-hacer y saber-hacer, están adheridos a la experiencia de encuentro con Jesús, y es en la Cruz, donde nuestras más grandes aspiraciones pueden compenentrarse para hacer parte del querer de Cristo y dar fruto en una comunidad tan vulnerada y tan del mundo como la que estamos viviendo. muchas gracias, porque lo que encuentro con ustedes es una deliciosa manera de respirar con L Santísima Trinidad.