Necesitamos arder de nuevo, porque nuestra esperanza ya no es fácil. Vivimos en una cultura de pesimismo y decepción en la que Pentecostés ya no puede darse por supuesto.
Necesitamos arder de nuevo, porque nuestra esperanza ya no es fácil. Vivimos en una cultura de pesimismo y decepción en la que Pentecostés ya no puede darse por supuesto.
A primera vista, nos pareceremos a David frente a Goliat, no preparados para la tarea de derrotar a un gigante o de dar suficiente alimento a un mundo hambriento con ganas de comer.
Jesús fue una vez al desierto, durante cuarenta días y cuarenta noches, sin llevar comida y alimentación, ayunó. Se sometió voluntariamente a un ascetismo concebido como una ayuda que le impulsara a lograr un nivel más profundo de comprensión, amor y madurez.
Los hijos nunca son realmente tuyos, independientemente de que seas su madre natural, o su madre adoptiva o su maestra. Ellos tienen sus propias vidas, vidas que tú no posees en propiedad.
Al comenzar el nuevo año 2011, llenos de esperanza y de nuevos propósitos, he aquí diez mandamientos que pudieran servirnos oportunamente mientras caminamos por el largo trayecto de la vida.
Hace más de dos mil quinientos años, Moisés nos dio los Diez Mandamientos. Desde entonces los siglos no han podido ofrecernos, a pesar del movimiento cultural de la Ilustración, ni una sola razón para dudar de la validez e importancia de cualquiera de esos preceptos.
En un magistral libro sobre la gracia, Piet Fransen sugiere cómo podemos examinarnos sobre lo bien entendemos la gracia…
Necesitamos dar a los pobres, no porque ellos no necesiten, aunque así sea, sino porque lo debemos hacer para vivir sanamente. Este axioma, enraizado en la escritura, nos enseña que dar a los pobres es algo que debemos hacer por nuestra propia salud.
Desgraciadamente en los tiempos que corren hay muchos caminos hacia el suicidio. Son muy pocos los que no hayan sido afectados profundamente cuando un ser querido se ha suicidado.
Karl Rogers en alguna ocasión sugirió que lo que es más íntimo en nosotros también es lo más universal. Su creencia era que muchos de los sentimientos privados de los que nos avergonzaríamos más para admitir el público son, irónicamente, los mismos sentimientos que, si se expresan, resuenan más profundamente dentro de la experiencia de los demás.
En la fe, Dios se conoce de esta manera: como una luz tan brillante que se percibe como oscuridad, como un amor tan universal que se percibe como indiferencia, y como una realidad tan real que se percibe como la nada.