Estamos rodeados por muchas voces. Rara vez hay un momento en nuestra vida, durante el día, en el que alguien o algo no nos esté llamando, y en el que, aun en las horas de sueño, los sueños y pesadillas no llamen nuestra atención.
Estamos rodeados por muchas voces. Rara vez hay un momento en nuestra vida, durante el día, en el que alguien o algo no nos esté llamando, y en el que, aun en las horas de sueño, los sueños y pesadillas no llamen nuestra atención.
La celebración es algo paradójico, creado por una interacción dinámica entre la anticipación y la realización o cumplimiento, entre el anhelo y la consumación, entre lo ordinario y lo especial, entre el trabajo y la diversión.
Podemos perder nuestra libertad por diferentes razones y, a veces, por las mejores razones. Imagínate esta posibilidad: Vas de camino a un restaurante para cenar con un amigo –plan perfectamente legítimo– pero en el camino eres testigo de un accidente de tráfico.
Un amigo mío me contaba esta historia suya personal. Cuando niño, en los años 1950, la pulmonía lo abatió. Su familia vivía en un pueblecito que no tenía ni hospital ni siquiera médico…
A nosotros, como cristianos, se nos pide cargar con una tensión muy real por lo que respecta al modo cómo entendemos la salvación de los no-cristianos, ya que tenemos dos enseñanzas aparentemente en conflicto dentro mismo de nuestras Escrituras y nuestra Tradición.
Como columnista, siempre he albergado una cierta monomanía sobre ser demasiado personal o exhibicionista en mis escritos… Sin embargo, de vez en cuando las circunstancias me dictan que debo escribir algo más personal, sobre mí mismo. Ésta es una de esas ocasiones.
Cada año escribo una columna sobre el suicidio. Mayormente, digo lo mismo una y otra vez, simplemente porque es necesario decirlo. No pretendo originalidad ni punto de vista especial; sólo escribo sobre el suicidio porque hay una terrible necesidad de que alguien dirija la cuestión.
¿Por qué la naturaleza diseñaría las cosas de manera que como humanos tan solo alcanzamos la cúspide de nuestra madurez y finalmente una genuina comprensión de nuestras vidas, cuando nuestros cuerpos comienzan a fallar? ¿Por que sufrimos tal cantidad de achaques según envejecemos?
En un nuevo libro titulado Jesús de Nazaret, el afamado estudioso escriturista alemán Gerhard Lohfink describe cómo en los evangelios la gente se relaciona con Jesús de diferentes maneras. No todos fueron apóstoles, no todos fueron discípulos y no todos los que contribuyeron a la causa de Jesús lo siguieron.
Pocos pensadores han influido en mí tan profundamente como Robert L. Moore. ¿De quién se trata? Es un erudito que ha pasado casi 50 años estudiando la energía humana desde la perspectiva de la psicología, antropología y espiritualidad.
Hay una historia en la tradición hindú que hace correr algo así: Dios y un hombre van bajando a pie por un camino. El hombre pregunta a Dios: “¿Cómo es el mundo?” Dios responde: “Me gustaría explicártelo, pero tengo seca la garganta. Necesito una taza de agua fría. Si puedes ir y traérmela, te diré cómo es el mundo”.