Decir y hacer. El eterno dilema. Todos tenemos muy buenas intenciones, como, por ejemplo, a principio de año, pero el tiempo pronto nos recuerda lo inconstantes que somos. También en Cuaresma se pueden hacer propósitos, todos muy buenos.
Decir y hacer. El eterno dilema. Todos tenemos muy buenas intenciones, como, por ejemplo, a principio de año, pero el tiempo pronto nos recuerda lo inconstantes que somos. También en Cuaresma se pueden hacer propósitos, todos muy buenos.
Después de regalar el Padrenuestro a sus Discípulos, Jesús siguió profundizando en el sentido de su mensaje. Y. cuanto más habla, más difícil parece hacer lo que Él nos pide. Por eso, seguramente, la Iglesia nos ofrece cada año este tiempo de Cuaresma.
Ser cristiano es lo que tiene. No podemos decir que somos cristianos y vivir como viven los no cristianos. Hay cosas que no nos cuestan (amar a los que nos aman)
y otras que se nos hacen muy cuesta arriba.
Tenemos una memoria de elefante para recordar todo aquello que nos ha ofendido. La “lista negra” no se nos olvida fácilmente. No matamos, porque no tenemos armas, pero si las miradas (o las palabras) matasen, habría muchos asesinos.
En la línea del mensaje del Padrenuestro, se nos recuerda la importancia de pedir. Somos tan autosuficientes que nos cuesta mucho abrirnos, mostrar nuestras
debilidades, y solicitar ayuda.
A todos nos gustan las seguridades. Ahora se llama “zona de confort”, pero ese deseo ha existido siempre. Quisiéramos saber con certeza que vamos a estar casados y ser felices con nuestra pareja, o que el sacerdocio nos va a dar la felicidad. No hay garantías.
El evangelio de san Juan nos describe hoy la piscina de Betesda. El ambiente y la
«Si no veis signos y prodigios, no creéis» es la sentencia de Jesús ante la incredulidad porque los ojos no suelen reconocer a un profeta en su tierra. No es la primera vez que se presenta esta situación, pero tenemos que reconocer que estas
El evangelio de san Lucas nos manifiesta la identidad del discípulo. Es aquel que
Celebramos hoy la Anunciación del Señor o la fe de María, que bien pudiera ser el
título de esta solemnidad. Como sabemos, de María se nos dice bien poco en los
evangelios. Pero de lo que se nos dice no sobra una coma.
La esencia de la alianza es la fidelidad y esa la tenemos garantizada de parte de Dios. «Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo» es el mensaje. Y esa Alianza no se romperá jamás, a pesar de los vaivenes con que el pueblo responda a la presencia/ausencia de Dios.