Conocer bien a los otros es inteligente, conocerse bien a si mismo, es sabiduría, decía Einstein. Ahora, que se acercan las vacaciones, no es mal momento para hacer un alto en el camino y adentrarnos en un dialogo interior profundo.
Conocer bien a los otros es inteligente, conocerse bien a si mismo, es sabiduría, decía Einstein. Ahora, que se acercan las vacaciones, no es mal momento para hacer un alto en el camino y adentrarnos en un dialogo interior profundo.
Debemos dar pasos más decididos en la eclesiología de la inclusión, que es el nombre que traduce mejor “lo católico”, porque una iglesia que ex-cluye pierde la tensión hacia la catolicidad.
La pasión por el ministerio, que brota de la fe y de la seducción por Aquel a quien hago presente y visible, me lleva a identificarme con la tarea, a sentirme bien, como pez en el agua, con los jóvenes.
No deja de ser curiosa la comparación entre los dos términos: “magisterio” y “ministerio”. El magisterio viene del adjetivo latino “magis”, que significa “más”: Magis-ter (maestro) es aquella persona que destaca o está por encima del resto por sus conocimientos, habilidades.
Me cuentan que una mujer casada abandona a su marido y a sus hijos. Y da esta explicación: “quiero ser feliz”. Resulta sorprendente. ¿Quién no quiere ser feliz? Yo quiero ser feliz. Aspiro a ello.
La vida es como andar en bicicleta. Te caes si dejas de pedalear. Podemos entender la vida como un viaje en bicicleta. Pero una bici de dos plazas . Sucede que los dos pasajeros quieren ir delante y tener en sus manos el manillar. ¿Pero qué ocurre cuando el segundo ciclista es nada menos que Dios?
De este modo, ayudando a los demás, doy sentido a mi vida como cristiana y me siento útil a pesar de no ser especialista en nada concreto.
Ahora dispongo de tiempo para poder regalarlo a mi madre ya los demás.
Las palabras del Evangelio sobre los talentos han hecho mella en el que suscribe. Esto es la verdadera motivación que alimenta mi compromiso como jubilado y como cristiano.
La misión evangelizadora es de todos los cristianos y de todas las edades. Cada etapa de la vida tiene sus dones que aportar a la construcción del Reino de Dios. Las personas jubiladas tienen nuevas posibilidades de compromiso voluntario.
Para los cristianos celebrar la Eucaristía es hacer memoria de Jesús muerto y resucitado, significa asumir su muerte y esperar su resurrección, reconocer que vivimos en la injusticia y comprometernos con el Reino que nos hace a todos hijos y, por eso, her