Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Sólo hay una adicción por la que se nos alaba: el exceso de trabajo. Con cualquier otra adicción, los interesados buscan meterte en una clínica o en un programa de recuperación, pero si tu adicción es el trabajo, generalmente se ve como una virtud. Sé de lo que hablo.
Poco después de la ordenación, haciendo un trabajo de sustitución en una parroquia, me encontré en una rectoría con un santo y viejo sacerdote. Tenía más de ochenta años, estaba casi ciego, pero era muy solicitado y respetado, especialmente como confesor. Una noche, a solas con él, le hice esta pregunta: "Si tuviera que volver a vivir su sacerdocio, ¿haría algo diferente?"
Hace cincuenta años, en un nublado y frío día otoñal, en el gimnasio de la escuela secundaria pública local, fui ordenado sacerdote. Más importante que el cielo gris, otra cosa marcó el acontecimiento. Esta fue una emotiva temporada para mi familia y para mí. Nuestros padres habían muerto (siendo aún jóvenes) exactamente un año y medio antes de esto, y nosotros aún estábamos algún tanto sensibles de corazón. En este marco, fui ordenado sacerdote.
Si sólo oráramos cuando sintiéramos ganas, no oraríamos mucho. El entusiasmo, los buenos sentimientos y el fervor no sostendrán durante mucho tiempo la vida de oración de uno, por más que haya buena voluntad y firme intención. Nuestros corazones y mentes son complejos y promiscuos, potros salvajes que retozan a su propio ritmo, con la oración frecuentemente sin estar en su agenda.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
La palabra “espiritualidad” es relativamente nueva en el mundo angloparlante, al menos tal como se usa hoy. Antes de la década de 1960, habríais encontrado muy pocos libros en inglés con la palabra “espiritualidad” en su título, aunque eso no era aplicable al mundo francoparlante.
Todo es de una pieza. Cuando no lo tomamos seriamente, pagamos un precio. El renombrado teólogo Hans Urs von Balthasar pone un ejemplo de esto. La belleza -afirma- no es algún pequeño “extra” que podemos valorar o denigrar según el gusto y el temperamento personal, como cierto lujo que decimos que no podemos darnos.
Ninguna comunidad debería desaprovechar sus muertes. El renombrado antropólogo Mircea Eliade sugirió esto, y su verdad se aplica a las comunidades en todos los niveles. Ninguna familia debería despedir a un miembro sin la oportuna reflexión, ritual y bendiciones.
Nunca he estado de acuerdo con algunos de mis amigos activistas que envían tarjetas de Navidad con mensajes tales como: ¡Que la paz de Cristo te inquiete! ¿No podemos tener un día al año para ser felices y celebrarlo sin que nuestras ya infelices personas sean agitadas con más culpa?
Dios -según parece- está a favor de los indefensos, los que no cuentan, los niños y los extranjeros sin recursos ni lugar al que ir. Por eso Jesús nació fuera de la ciudad, en un establo, inadvertido, fuera de toda fanfarria, lejos de todos los principales medios y lejos de todas personas y acontecimientos que se consideraban importantes en aquel tiempo, humilde y anónimo. Dios actúa así. ¿Por qué?