Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
El amor puede crecer aturdido entre dos personas, exactamente como puede crecer en toda una cultura. Y eso ha ocurrido en nuestra cultura, al menos a una gran parte. El entusiasmo que una vez guió nuestros ojos ha cedido a un cierto aturdimiento y resignación. Ya no nos situamos ante la vida con mucha lozanía.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Existen cuatro clases distintas de oración cristiana: oración personificada, oración mística, oración afectiva y oración sacerdotal. ¿En qué consisten? ¿Qué les diferencia entre sí?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
En gran parte del mundo secularizado, vivimos en un ambiente algo antieclesial y anticlerical. Hoy día está muy de moda fustigar a las iglesias, sea católica romana, protestante o evangélica. Con frecuencia, esto se hace pasando por ser de mentalidad abierta e ilustrada, y resulta el único prejuicio que es confirmado intelectualmente.
Recientemente, en el popular programa de televisión Saturday Night Live, un cómico tuvo una ocurrencia pintoresca a una respuesta que Nancy Pelosi había dado a un periodista que la había acusado de odiar al Presidente. Pelosi había asegurado que, como católica romana, no odiaba a nadie; y esto inspiró al cómico a expresar esta ocurrencia: “Como católica, sé que siempre hay una persona a quien odias: a ti misma”.
Aun con las mejores intenciones, aun sin malicia en nosotros, aun cuando seamos fieles, a veces no podemos dejar de hacernos daño mutuamente. En ocasiones, nuestra situación humana es simplemente demasiado compleja para que no nos lastimemos unos a otros.
Casi todos nosotros hemos oído hablar de santa Teresa de Lisieux, una mística francesa que murió a la edad de 24 años en 1897 y que es quizás la santa más popular de los dos últimos siglos. Es famosa por muchas cosas, y no lo menos por una espiritualidad que ella denominó su “caminito”. ¿Qué es su “caminito”?
Hace algunos años, en una conferencia religiosa, un hombre se acercó al micrófono y, después de pedir disculpas por lo que sentía que sería una pregunta inapropiada, preguntó: “Quiero a mi perro. Cuando él muera, ¿irá al cielo? ¿Tienen los animales vida eterna?”
Sospecho que todos estamos familiarizados con la diferencia entre justicia y caridad. La caridad es regalar algo de tu tiempo, energía, recursos y persona con el fin de ayudar a otros que están en necesidad. Eso es una virtud admirable, señal de tener un buen corazón. La justicia, por otra parte, trata menos de regalar algo directamente que de procurar cambiar las condiciones y sistemas que sitúan a otros en necesidad.