Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Existen incontables personas, basílicas, iglesias, santuarios, seminarios, conventos, ciudades y urbes que tienen por nombre San José. Mi país nativo, Canadá, lo tiene por patrón. ¿Quién es exactamente este José?
En los días del apartheid que se dio en Sudáfrica, los cristianos tenían la costumbre de encender candelas y colocarlas en sus ventanas como un signo, para ellos y los demás, de que confiaban en que algún día esta injusticia llegaría a su fin. Una candela encendida en una ventana era un signo de esperanza y de declaración política. El gobierno no pasó por alto el mensaje.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Después de todo, nuestras vidas no son tan serenas ni pacíficas. Por decirlo de algún modo, siempre somos algún tanto patéticos. Eso no debería alarmarnos. Patético no es un término peyorativo. La palabra proviene del griego pathos, que significa dolor. Estar patético es vivir dolorido, y todos nosotros vivimos así por el modo mismo como estamos hechos.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
En su libro The Second Mountain (La segunda montaña), David Brooks sugiere que una clave para mantener la fidelidad en cualquier vocación es construir una estructura de comportamiento para esos momentos en que el amor titubea. Tiene razón.
¿Qué está bien y qué está mal? Luchamos mucho por cuestiones morales, frecuentemente con una rectitud segura de sí misma. Y generalmente caemos en esa misma autorectitud cada vez que argüimos sobre el pecado. ¿Qué constituye un pecado y qué contribuye a un pecado grave?
Contemplando nuestro mundo hoy, lo que me espanta y altera más que la amenaza del virus Covid, más que la creciente desigualdad entre ricos y pobres, más que los peligros del cambio climático e incluso más que el amargo odio que ahora nos separa a unos de otros es nuestra falta del sentido de la verdad, nuestra fácil negación de cualquier verdad que juzgamos ser inconveniente y nuestros eslóganes de bulos, “hechos alternados” y conspiraciones fantasmas.
El 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, el papa Francisco publicó una nueva encíclica titulada Fratelli tutti-Hermanos todos. Sobre la fraternidad y amistad social.
Una misma talla de ropa no sienta bien a todos. Esto no sólo vale para la ropa, vale también para la espiritualidad. Nuestros desafíos de la vida cambian conforme crecemos. La espiritualidad no siempre ha sido del todo sensible a esto.