Ronald Rolheiser | En el Exilio
La oración es más necesaria justo cuando parece más inútil». Michael J. Buckley, uno de los principales mentores espirituales de mi vida, escribió esas palabras. ¿Qué quiere decir con ellas?
Ronald Rolheiser | En el Exilio
La oración es más necesaria justo cuando parece más inútil». Michael J. Buckley, uno de los principales mentores espirituales de mi vida, escribió esas palabras. ¿Qué quiere decir con ellas?
Laiconet – Evangelio Seglar
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Eliana Cevallos – La alegría del amor
En la exhortación apostólica del Papa Francisco sobre el amor en la familia, se puede encontrar más de una vez la relación entre familia y comunión. Es preciso entonces reflexionar de modo concienzudo en lo que significa “comunión”.
Ronald Rolheiser | En el Exilio
¿Qué te han dado para cargar? ¿Dónde las necesidades y los problemas de los demás secuestran tu libertad? ¿Cuándo la libertad se ve limitada por las circunstancias? ¿Cuáles son las situaciones en las que naciste o te topaste en la vida a las que debes responder, tal vez incluso a precio de tu vida? ¿De qué situaciones no puedes huir?
Laiconet – Evangelio Seglar
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Eliana Cevallos – La alegría del amor
Imagino que el título de este apartado de la Exhortación del papa Francisco ya evoca a cada lector lo que significa su vivencia. Todos conocemos la fuerza de un abrazo y ese sentimiento humano de cercanía que nos produce afecto, dulzura y simpatía.
Fui educado en una generación que enseñó que Dios daba a cada uno de nosotros una vocación que vivir para siempre. En la característica religiosa de aquel tiempo, particularmente en la religiosidad romana católica, creíamos que nos ponían en esta tierra con un plan divino para nosotros, que Dios nos daba a cada uno una especial vocación que vivir de por vida.
En un reciente libro, Viviendo entre mundos, James Hollis ofrece una obra de ingenio que lleva más profundidad de lo que es evidente a primera vista. Un terapeuta dice a un cliente: Yo no puedo resolver su problema, pero puedo darle una historia más convincente para su dolor.
Decir a alguien, con todo el corazón, ‘Te amo’, es virtualmente lo mismo que decir ‘Tú nunca morirás’. El filósofo del siglo XX Gabriel Marcel escribió esas palabras, que repiten las escritas quinientos años antes por la beata Magdalena Panattieri, terciaria dominica, quien escribió a un amigo: Yo no podría ser feliz en el cielo si tú no estuvieras allí también.
Ningún hombre es una isla. John Donne escribió esas palabras hace cuatro siglos, y son tan válidas ahora como lo fueron entonces, aunque nosotros ya no las creemos.
Hoy, ni nuestra cultura ni nuestras iglesias nos dan el permiso preciso para estar tristes. Ocasionalmente, sí, cuando un ser querido muere o nos sucede alguna tragedia particular, nos permiten estar tristes, abatidos, llorosos, no optimistas. Pero hay en nuestras vidas otras muchas ocasiones y circunstancias en las que nuestras almas están legítimamente tristes.