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Nada es realmente nuestro

Nada es realmente nuestro

Todo es don. Esto es un principio que al fin sostiene toda espiritualidad, toda moralidad y todo mandamiento. Todo es don. Nada puede ser al fin reclamado como propio nuestro. La moral genuina y la sensibilidad  religiosa deberían hacernos conscientes de eso. Nada nos viene por derecho.

El sabor de la energía de Dios

El sabor de la energía de Dios

Visto todo, yo creo que crecí con un concepto relativamente sano de Dios.  El Dios de mi juventud, el Dios en que fui catequizado, no era indebidamente castigador, arbitrario ni crítico.

Virtud y pecado

Virtud y pecado

Existe un axioma que dice: Nada se siente mejor que la virtud. Eso es muy cierto, pero tiene su contrapartida. Cuando obramos el bien, nos sentimos bien con nosotros mismos. En verdad, la virtud es su propia recompensa, y eso es bueno. Sin embargo, de sentirse virtuoso, pronto se puede pasar a sentirse farisaico. Nada se siente mejor que la virtud; pero el fariseísmo también se siente bastante bueno.

De ganadores y perdedores

De ganadores y perdedores


Nuestra sociedad tiende a dividirnos en ganadores y perdedores.  Desgraciadamente, no reflexionamos con frecuencia sobre la manera como  afecta esto a nuestras relaciones mutuas ni lo que significa para nosotros como cristianos.

Acoger al forastero

Acoger al forastero

En las Escrituras Hebreas, esa parte de la biblia que llamamos el Antiguo Testamento, encontramos un fuerte desafío religioso a acoger al forastero, al extranjero. Esto fue recalcado por dos razones: Primera, porque, en otro tiempo, el pueblo judío mismo había sido extranjero e inmigrante. Sus escrituras continuaron recordándoles que no olvidaran eso. Segunda, ellos creían que la revelación de Dios, casi siempre, nos viene a través del forastero, en lo que es foráneo a nosotros. Esa creencia era integrante de su fe.

Inadecuación, daño y reconciliación

Inadecuación, daño y reconciliación

Aun con las mejores intenciones, aun sin malicia en nosotros, aun cuando seamos fieles, a veces no podemos dejar de hacernos daño mutuamente. En ocasiones, nuestra situación humana es simplemente demasiado compleja para que no nos lastimemos unos a otros.

El caminito

El caminito

Casi todos nosotros hemos oído hablar de santa Teresa de Lisieux, una mística francesa que murió a la edad de 24 años en 1897 y que es quizás la santa más popular de los dos últimos siglos. Es famosa por muchas cosas, y no lo menos por una espiritualidad que ella denominó su “caminito”. ¿Qué es su “caminito”?