La misión me ha permitido vivir con austeridad, ‘ligero de equipaje’.
La misión me ha permitido vivir con austeridad, ‘ligero de equipaje’.
‘Tengo otras ovejas que no están en este redil; también a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz’.
Las cosas de Dios acaban bien. Todo estaba llamado a ser más en el Señor. Ahora sabemos que a lo sembrado él le dará crecimiento.
A modo de carta quiero comenzar estos nuevos relatos nacidos de la experiencia de otra misión por tierras hondureñas.
Este diario misionero no está concluido. Nuevas páginas esperan ser testigo de futuras experiencias.
No me canso de admirar la labor callada y sonriente de este grupo de mujeres fuertes en la fe, arraigadas en la esperanza y ancladas en el Reino de los más pobres.
Iniciar el trabajo organizador de la Misión fue una aventura quijotesca, desbordante, difícil.
Desde esta capital abierta al mundo he dejado que afloren los recuerdos de aquella cuidad hondureña.
La misión me ha permitido vivir con austeridad, ‘ligero de equipaje’.
‘Tengo otras ovejas que no están en este redil; también a éstas tengo que atraerlas, para que escuchen mi voz’.
Las cosas de Dios acaban bien. Todo estaba llamado a ser más en el Señor. Ahora sabemos que a lo sembrado él le dará crecimiento.