Vivimos en un mundo de profundas divisiones. Por dondequiera vemos polarización, gente amargamente dividida entre sí por ideología, política, teoría económica, creencias morales y teología.
Vivimos en un mundo de profundas divisiones. Por dondequiera vemos polarización, gente amargamente dividida entre sí por ideología, política, teoría económica, creencias morales y teología.
Recientemente recibí una carta de un hombre que me comunicó que aún estaba profundamente obsesionado por una historia que había oído en una escuela primaria muchos años antes. Uno de sus profesores de religión les había leído una historia sobre un sacerdote que fue a visitar a un amigo de infancia.
Hay una frase en los escritos de Juliana de Norwich, la famosa mística del siglo XIV y quizás la primera de los teólogos en escribir en inglés, que es citada sin fin por predicadores, poetas y escritores: Pero todo resultará bien, y todo resultará bien, y todo género de cosas resultará bien. Es su enseñanza característica.
El gusto es subjetivo. Tenlo presente mientras comparto contigo esta lista de los diez libros que más me han llamado la atención durante el pasado año. Pueden dejarte frio, o puedes enfadarte conmigo porque los elogio. Se tu propio crítico aquí y no tengas miedo a ser crítico con mi propio gusto. Nadie compra todo lo que se anuncia en una tienda.
Todos años, la revista Time reconoce a alguien como “Persona del Año”. El reconocimiento no es necesariamente un honor; se da a la persona a quien Time juzga haber sido el creador de la noticia del año, por bien o por mal. Este año, en vez de elegir a un individuo para concederle el título de creador de la noticia del año, se reconoció a una categoría de personas, las Silence Breakers, esto es, mujeres que han hablado claro por haber experimentado acoso sexual y violencia sexual.
¿Por qué ya no predicamos más sobre el fuego del infierno? Es una pregunta que frecuentemente se hacen hoy muchas personas religiosas sinceras a quienes preocupa que demasiadas iglesias y demasiados sacerdotes y ministros han suavizado el pecado y son super-generosos al hablar de la misericordia de Dios.
El problema en el mundo y en las iglesias -sugiere Jim Wallis- es que, constantemente, los conservadores se equivocan, y los liberales (por sobre- reacción a los conservadores) entonces no lo hacen de ninguna manera.
Simone Weil comentó una vez que hoy no vale ser simplemente santo; más bien “debemos profesar la santidad que demanda el momento presente”. Tiene razón en esa segunda premisa; necesitamos santos cuyas virtudes digan algo a los tiempos.
Cada año, escribo una columna compartiendo con los lectores el título y una breve sinopsis de los diez libros que más me impresionaron ese año. Ocasionalmente, sin embargo, juzgo que un libro es suficientemente excepcional como para merecer su propia columna. El nuevo libro de Robert Ellsberg Un Evangelio viviente: leyendo la historia de Dios en vidas santas es un libro así.
Mientras crecía como católico romano, al igual que el resto de mi generación, me enseñaron una oración llamada Acto de contrición. En aquel momento, todo católico tenía que memorizarlo y recitarlo durante o después de la confesión. La oración comenzaba de esta manera: Oh, Dios mío, me pesa de haberos ofendido y detesto todos mis pecados porque temo la pérdida del cielo y las penas del infierno. …
La cuestión de la intercomunión en nuestras iglesias hoy es ardua, importante y dolorosa. Tengo suficiente edad como para recordar otro tiempo, propiamente recordar otros dos tiempos.