La oración resulta fácil solamente a los principiantes o a los ya santos. Durante todos esos largos años intermedios, la oración es difícil.
La oración resulta fácil solamente a los principiantes o a los ya santos. Durante todos esos largos años intermedios, la oración es difícil.
Las leyes matemáticas y físicas han sido siempre una de nuestras mayores constantes. No cambian, son previsibles y fiables, no propensas a extrañas sorpresas. Pero ahora, cada vez más, los científicos se están percatando de que incluso las leyes físicas a veces ofrecen sorpresas inesperadas y muestran una libertad que nos deja perplejos.
La soledad consiste en estar suficientemente dentro de tu propia vida, de forma que puedas experimentar realmente lo que allí se esconde.
Pero eso no es fácil. Es raro que nos encontremos a nosotros mismos dentro del momento actual.
¿Tiene, pues, Dios preferidos o favoritos? Sí, pero no entre personas diferentes, sino entre diferentes actitudes y estados de ánimo dentro de nuestras propias almas.
Como la mujer que perdió una moneda, como el pastor que había perdido una oveja, y como el padre del hijo pródigo y del hijo mayor, tampoco nosotros habríamos de descansar fácilmente cuando percibimos que otros están separados de nosotros.
No huyas de la soledad. No la mires como tu enemiga. No busques a otra persona para que cure tu soledad. Percibe la soledad como una vía privilegiada hacia la profundidad y la empatía.
Hace varios años, en una conferencia a la cual asistía, el orador principal desafió a su audiencia de esta manera: Todos -señaló- somos miembros de distintas comunidades: vivimos en familias… En cada una de estas llegará un momento en el que se nos hará daño…
Recientemente apareció en un artículo en el New York Times escrito por Frank Bruni y titulado La Paga del celibato. La columna, aunque es provocadora, es justa. Lo más destacable son las preguntas difíciles y necesarias que el periodista hace.
Hace algunos años, en un taller práctico, una mujer compartió esta historia. Tenía un hijo de seis años de edad, a quien había tratado de instruir concienzudamente en la oración.
Hace veinticinco años, escribí una columna titulada Directrices para un largo recorrido. Reconsiderándolas recientemente, me sentí reconfortado porque mis principios no han cambiado en el último cuarto de siglo, sólo han adquirido más matices.
Hoy en día entre muchos de nosotros, los fieles, existe una creciente tendencia a defendernos a nosotros mismos en lugar de arriesgarnos a ser crucificados por el mundo. Tenemos buena intención al hacerlo. Sin embargo, a pesar de esa buena intención, nuestras acciones son opuestas a las de Jesús.