Hace algunos años, acompañado por un excelente director Jesuita, hice un retiro de treinta días utilizando los ejercicios de San Ignacio. En la tercera semana del retiro hay una meditación sobre la agonía de Jesús en el jardín.
Hace algunos años, acompañado por un excelente director Jesuita, hice un retiro de treinta días utilizando los ejercicios de San Ignacio. En la tercera semana del retiro hay una meditación sobre la agonía de Jesús en el jardín.
Recientemente, una nueva expresión se ha abierto camino en nuestro vocabulario teológico y eclesial. Hay mucho de que hablar hoy acerca de la Nueva Evangelización.
Queremos el poder divino en el hierro, los músculos, las armas y el carisma. Pero este no es el camino donde se encuentran la intimidad, la paz y Dios.
En su autobiografía, el famoso novelista griego Nikos Kazantzakis nos cuenta la historia oculta detrás de su famoso libro “Zorba el Griego”. Zorba es parte ficción y parte historia.
Hace unos años, se me acercó un hombre que me pidió que yo fuera su director espiritual. Tenía unos cuarenta y tantos años, y casi todo en él irradiaba un buen grado de salud. Mientras nos sentamos para hablar, le mencioné que parecía estar en muy buena forma.
A veces el simple hecho de poner nombre a algo puede ser inmensamente útil. Mientras no somos capaces de poner nombre a algo nos sentimos más indefensos ante sus efectos, sin llegar a saber realmente lo que nos está ocurriendo.
A veces, ciertos textos de Biblia inducen a preguntarte: ¿Es esto de verdad la palabra de Dios? ¿Por qué está este texto en la escritura? ¿Qué lección contiene? Porque nos dan santo permiso para sentir el modo como a veces sentimos y nos dan santas herramientas para ayudarnos a tratar las deficiencias y frustraciones de nuestras vidas.
Aunque crecí en una familia y comunidad llena de afecto y seguridad y de buena crianza, uno de los recuerdos dominantes de mis años de infancia y adolescencia es el de ser inquieto y de algún modo descontento.
Los antropólogos nos dicen que el “hambre de padre”, un deseo frustrado de ser acogido por nuestros propios padres, es una de las más profundas hambres que hay en el mundo de hoy, especialmente entre los hombres.
¿Habéis observado alguna vez cómo reaccionamos espontáneamente ante una amenaza percibida? Encarada una amenaza, nuestros instintos primarios tienden a tomar posesión, e instantáneamente nos bloqueamos y empezamos a cerrar todas las puertas que abren a la cercanía, amabilidad y empatía que hay en nosotros.
Mi juventud tuvo sus fortalezas y sus debilidades. Crecí en una casa de campo en el corazón de las praderas canadienses, inmigrante de segunda generación. Nuestra familia era numerosa, y la pequeña casa de campo en que vivimos nos dio lo suficiente para seguir viviendo, aunque no más.