¿Cómo podemos elevar hacia Dios nuestros momentos más oscuros, más deprimidos y solitarios? ¿Cómo podemos orar cuando nos sentimos tan profundamente solos, desamparados, y todo nuestro mundo parece estar derrumbándose?
¿Cómo podemos elevar hacia Dios nuestros momentos más oscuros, más deprimidos y solitarios? ¿Cómo podemos orar cuando nos sentimos tan profundamente solos, desamparados, y todo nuestro mundo parece estar derrumbándose?
En su autobiografía, Morris West sugiere que llegada cierta edad nuestra vida se simplifica y en nuestro vocabulario espiritual solo necesitamos quedarnos con tres: ¡Gracias!, ¡Gracias! ¡Gracias!.
Hay una tendencia preocupante en nuestras iglesias hoy. En pocas palabras estamos viendo que la acogida en nuestras iglesias se vuelve menos “incluyente”. Cada vez más nuestras iglesias están exigiendo una pureza y exclusividad no exigida por Jesús en los Evangelios.
La ansiedad, como todas las tensiones, nos devora en varios niveles. Superficialmente nos preocupamos por muchas cosas. En el fondo, vivimos con tanta ansiedad que ésta se manifiesta en todo lo que hacemos.
A un amigo mío le gusta bromear fingiendo que un egoísta extremo y de vez en cuando airea este chiste: "¡La vida es difícil porque tengo que cargar con mi propia magnitud"
Todos conocemos un montón de gente que parecen muy inmersos en esta vida, en sus matrimonios, sus familias, sus trabajos, en el entretenimiento, los deportes, y en sus preocupaciones cotidianas que no parece en lo absoluto que tengan a Dios como centro de su atención consciente en una parte significativa de su vida diaria.
Christian de Cherge, el abad trapense que fue martirizado en Argelia en 1996, cuenta esta historia de su Primera Comunión. Él creció en una familia Católica Romana en Francia, y el día de su Primera Comunión dijo a su madre: “No entiendo lo que voy a hacer.” Ella respondió sencillamente: “Está bien, no tienes por qué entenderlo ahora; lo entenderás más tarde.”
Todo el mundo ansía conocer algo que es secreto, conocer algo que otros no saben, pero que tú sí, y cuyo conocimiento te da alguna visión y ventaja sobre otros que están fuera del círculo interior de ese secreto. Siempre ha sido así. Históricamente, esto se llama “gnosticismo”, que siempre hace su aparición de una forma u otra.
El renombrado escritor espiritual Henri Nouwen no hizo ningún secreto del hecho de ser emocionalmente hipersensible y de sufrir, a veces hasta el punto de depresión clínica, de obsesiones emotivas. A veces, él, célibe con votos, estaba simplemente dominado por el sentimiento de estar enamorado de alguien que estaba absolutamente indisponible, que le dejara psicológicamente paralizado y necesitado de ayuda profesional.
Existe una historia que se cuenta acerca de Anna Akhmatova, poetisa rusa, que solía ir cada sábado por la mañana y hacer cola fuera de una prisión de San Petersburgo, donde, junto con otras mujeres, confiaba dejar cartas y paquetes para los seres queridos que habían sido arrestados durante las purgas de Stalin.
¿Qué utilidad tiene una vieja linterna de mano? Bueno, su luz puede ser muy útil en plena oscuridad, pero viene a ser superflua e imperceptible al sol del mediodía. Sin embargo, esto no significa que su luz sea mala, sólo que es débil.