Jesús -según parece- tenía sentimientos encontrados para con el mundo. Él amaba el mundo, entregó su vida por él y nos desafió a amar el mundo aun habiéndolo criticado duramente y dejando claro que éste era opuesto a Él.
Jesús -según parece- tenía sentimientos encontrados para con el mundo. Él amaba el mundo, entregó su vida por él y nos desafió a amar el mundo aun habiéndolo criticado duramente y dejando claro que éste era opuesto a Él.
Dag Hammarskjold, el antiguo Secretario General de las Naciones Unidas, escribió esas palabras, que iluminan parte de una intencionalidad más profunda del deseo sexual. Y esta intuición fue más que una simple teoría para Hammarskjold. Él conoció la soledad y el deseo no realizado.
Existe un viejo refrán que ofrece un sabio consejo: ¡Escoge inteligentemente a tus padres!Es más fácil decirlo que hacerlo; pero el refrán es válido. Nosotros no somos del todo nuestras propias personas.
Naturaleza, deseo, alma: Nosotros raramente los integramos bien; ellos, en cambio, están tan intrincadamente enlazados que la manera como relacionamos a uno afecta profundamente a los otros.
Cuando yo era estudiante en el seminario, tuve dos clases de maestros: Un grupo de ellos, precisamente porque eran fieramente leales a todo lo que es cristiano y católico, nos habrían leído a grandes pensadores laicos, pero siempre intentando ayudar a mostrar dónde estaban equivocados estos pensadores.
¿Por qué no se nos muestra Dios más directa y poderosamente, de modo que haga más fácil la fe? Esa es una buena pregunta, para la cual, en parte, no hay una respuesta totalmente satisfactoria. Pero la respuesta que tenemos radica en entender la manera en la cual Dios se manifiesta en nuestras vidas y en nuestro mundo.
Daniel Berrigan, en una de sus famosas frases ingeniosas, escribió una vez: ¡Antes de que te comprometas en serio con Jesús, considera primero en qué grado vas a dar una buena imagen en el madero (de la cruz)!
El escritor de espiritualidad Tom Stella cuenta una historia de tres monjes en oración en la capilla de su monasterio. El primer monje se imagina a sí mismo siendo llevado al cielo por los ángeles. El segundo monje se imagina a sí mismo ya en el cielo, cantando las alabanzas de Dios con los ángeles y santos…
Un soldado corriente no tiene miedo a la muerte, y en cambio Jesús sí que tuvo. Iris Murdoch escribió esto, y esa verdad puede ser algún tanto desconcertante. ¿Por qué? Si alguien muere con profunda fe, ¿no debería morir en cierta calma y tener la confianza de obtener el premio de esa fe?
Un seminarista a quien conozco fue recientemente, un viernes por la tarde, a una fiesta tenida en un local del campus universitario. El grupo estaba compuesto por un gentío de estudiantes universitarios jóvenes, y cuando él fue presentado como seminarista, como alguien que trataba de llegar a ser sacerdote y que había hecho un voto de celibato, la mención de celibato evocó ciertas risitas en el local, alguna burla y chistes sobre lo mucho de lo que él debe prescindir en la vida.
Entre los Diez Mandamientos, uno empieza con la palabra “acuérdate”: Acuérdate de mantener santo el Sábado. Nos recuerda tener en cuenta algo que ya sabes. Hay mandamientos de misericordia escritos en nuestro mismo ADN. Ya los conocemos, pero necesitamos recordarlos más explícitamente. ¿Cuáles son?