¡Interrupciones! Las hay de muchos tipos. Unas son dramáticas, horribles: la muerte inesperada de un ser querido, una catástrofe, una enfermedad que se nos anuncia, un despido laboral, una depresión, una desilusión afectiva.
¡Interrupciones! Las hay de muchos tipos. Unas son dramáticas, horribles: la muerte inesperada de un ser querido, una catástrofe, una enfermedad que se nos anuncia, un despido laboral, una depresión, una desilusión afectiva.
No acabamos de creer que estamos en el mundo de la resurrección. La triste realidad en la que se encuentra la humanidad (corrupción en no pocos de los líderes de la política, de la economía, de la justicia, de la religión con sus consecuencias) no nos permite ser optimistas al menos a corto plazo.
No nos encontramos en tiempos fáciles para conducir la nave de la Iglesia. A veces da la impresión de que no navegamos, sino que únicamente la nave se mantiene a flote, aparcada en el mismo mar.
Acaba de dejarnos un ya anciano teólogo asiático de Sri Lanka, misionero oblato de María, Tissa Balasuriya. Acaba de morir a los 89 años de edad, el pasado 17 de enero. Fue un teólogo inter-religioso, ecuménico, entusiasta del Vaticano II.
La “liturgia” se ha convertido en el tiempo posconciliar en un punto de desencuentro entre diversos grupos en la Iglesia: entre liturgistas y pastoralistas en el ámbito más intelectual, y entre quienes adoran el misterio y quienes quieren celebrar la vida en el ámbito comunitario.
Ordinariamente planteamos la pastoral vocacional como selección divina entre los cercanos: se hace la propuesta vocacional a quienes están cerca, a los jóvenes que forman parte de nuestros grupos, nuestras parroquias, nuestras instituciones.
La nueva radicalidad -¡no me gusta la palabra radicalismo!- es la forma de seguir a Jesús, nuestro contemporáneo, hoy. Es una radicalidad amable y simpática: porque no es egocéntrica ni egolátrica; porque quien llega a las raíces se descubre enraizado en la naturaleza humana, en aquello que todos compartimos y por eso, se descubre y redescubre en el Otro.
Más allá de sus particularidades en cada continente, en cada nación o país, en cada orden o congregación, en cada comunidad o persona, la vida consagrada es como una navecilla de vela impulsada por el viento del Espíritu. El Espíritu que genera su pluralidad carismática, es la fuente –así mismo- de su fundamental unidad.
¿Qué es la acedia? A ella se refiere el Papa Francisco en su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”. La presenta como un vicio paralizante que ataca a los evangelizadores. Produce un“inmediatismo ansioso”. Quiere obtener resultados pastorales inmediatamente. No aguanta la espera que requieren los procesos.
El 10 de diciembre de 1948, hace 65 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos en su resolución 217 A (III). La Asamblea pidió a todos los países miembros que hicieran público este texto y que lo expusieran y comentaran y leyeran especialmente en los centros educativos sin ningún tipo de reservas
Todos sabemos que la indignación puede ser peligrosa cuando excede determinados límites, tanto a nivel individual como colectivo. Justificamos la “indignación” -y de hecho vemos con simpatía el movimiento de los “indignados”- como un hecho político interesante, importante. Pero cuando la indignación excede sus límites y se torna violenta, destructiva, ¿qué sucede? En la indignación se muestra la ira. Y ésta es ambivalente: hablamos de ira diabólica e ira santa.