La Iglesia es un organismo, no solo una organización, es un cuerpo, no solo una corporación. Es una organismo que constantemente se re-organiza, un cuerpo que lucha constantemente por crecer y reestructurarse.
La Iglesia es un organismo, no solo una organización, es un cuerpo, no solo una corporación. Es una organismo que constantemente se re-organiza, un cuerpo que lucha constantemente por crecer y reestructurarse.
Hoy, 1 de mayo, celebramos la festividad de “José obrero”. Tiene su sentido esta fiesta; no lo vamos a negar. Sin embargo, la celebración de los cincuenta días de la Pascua –en la cual se inserta esta fiesta- nos ofrece una clave muy interesante para captar de una forma mucho más interesante la figura de José.
"No sabemos orar como conviene", decía san Pablo en la carta a los Romanos. Nadie podría enseñarnos a orar como Jesús y, por eso, le suplicamos como sus discípulos: "Señor, enséñanos a orar".
Hubo un tiempo en que la gente cantaba mientras trabajaba, tocaba música con sus amigos, cantaban a quien amaban. Las canciones se transmitían de generación en generación
¿Qué futuro tienen los Sacramentos aquí en Europa, cuando se dice que estamos entrando en un mundo que ha dejado de ser cristiano, religioso y, en consecuencia, ha dejado de ser sacramental y ritual?
Dios es invisible y eso nos confunde. ¿Cómo amar a quién no vemos? ¿Es cuestión de imaginárselo? Son las realidades cercanas, próximas, tangibles, las que acaparan nuestra afectividad y nuestros sentimientos.
Papa Francisco nos está invitando cada día a identificarnos con la visión de Jesús. Es admirable constatar cómo de cada lectura evangélica extrae interpelaciones que tienen siempre que ver con la implantación de la justicia tanto en la comunidad cristiana, como en la sociedad.
Nuestros institutos están actualmente implicados en serios procesos de re-estructuración o re-organización. Es una exigencia insoslayable. Todos conocemos muy bien las razones y no es necesario abundar en ellas. La re-organización es la respuesta más generalizada ante esta situación.
Hay pensadores que tienen una visión positiva de nuestro tiempo. No niegan sus problemas, sus dificultades, sus fallos. Pero son capaces de mostrar cómo nos encontramos en la “época del espíritu”. Espíritu se puede escribir con mayúscula o minúscula.
No nos encontramos en tiempos fáciles para conducir la nave de la Iglesia. A veces da la impresión de que no navegamos, sino que únicamente la nave se mantiene a flote, aparcada en el mismo mar.
Después de varias semanas de dedicación plena a la reflexión conjunta sobre la nueva Evangelización, de celebraciones litúrgicas y de oración y discernimiento, los participantes en el Sínodo habrán quedado hondamente afectados por esta gran preocupación: ¿cómo relanzar la misión evangelizadora en este momento de la historia de la humanidad?