El amor conyugal tiene que pasar la prueba del tiempo para hacerse adulto.
El amor conyugal tiene que pasar la prueba del tiempo para hacerse adulto.
Escribo estas líneas el día de San Valentín, fiesta de la amistad, el día de los enamorados.
Llevamos treinta años de democracia. Parece que no hemos aprendido nada.
La celebración de la fiesta litúrgica de la sagrada familia solía pasar bastante desapercibido. Entre Navidad y Año Nuevo la fiesta quedaba aprisionada como un bocadillo.
La relación conyugal es un camino que está hecha de sentimiento y pasión; de fascinación y decisión. Es un camino creciente de fidelidad, fecundidad y felicidad.
En las próximas semanas, la liturgia, la predicación, muchas de nuestras afirmaciones, hablarán de esperanza.
Conozco muchos matrimonios que siguen escribiéndose cartas de amor a lo largo de su vida, se escriben una cada día.
En la relación matrimonial es habitual decir: “te quiero”.
Se pueden señalar más; la pluralidad real de los matrimonios implica diferentes etapas en su evolución.
La relación de pareja es una forma de realización personal. Pero tiene su lógica propia.
Invitados a seguir haciendo el tránsito de la decepción a la esperanza, del abandono a la entrega a la misión, de la superficialidad a la profundidad.