Aparentemente todo es igual: hasta las invitaciones y el banquete, los vestidos.
Aparentemente todo es igual: hasta las invitaciones y el banquete, los vestidos.
Aparentemente todo es igual: hasta las invitaciones y el banquete, los vestidos.
El matrimonio es escuela de amor, y escuela de donación. No crece el amor sin la renuncia a actitudes narcisistas.
La misión evangelizadora es de todos los cristianos y de todas las edades. Cada etapa de la vida tiene sus dones que aportar a la construcción del Reino de Dios. Las personas jubiladas tienen nuevas posibilidades de compromiso voluntario.
En la comunidad de los creyentes en Cristo descubrimos que esa experiencia de amor conyugal, que se expresa en la convivencia y el caminar diario, es lo que más se parece al amor intenso y fiel con que Cristo ama su Iglesia…
Un sacramento es un signo, es una experiencia que se recuerda, una presencia que se celebra.
Quiero seguir siendo sacerdote porque, después de casi 40 años, la rutina y la costumbre me han impedido disfrutar de la “dignidad” de serlo, y no quiero acostumbrarme al misterio que represento.
Es Navidad cuando avivamos la fe en nuestro amor conyugal.
“La misión de mi vida es hacerte feliz”. Expresiones como ésta suelen utilizarse en declaraciones de amor. Al menos en las películas de amor. Está dentro del arrobamiento que implica la experiencia de enamoramiento. Puede ser que en tiempos posmodernos esta pretensión tenga una reminiscencia demasiado romántica. Puede ser que no conmueva a los jóvenes actuales.
Hemos pasado de una familia con forma de mesa camilla a una familia con forma de sofá alargado frente a una gran pantalla.
Existen en la vida matrimonial, como en la vida célibe, múltiples esperas cotidianas.