La relación entre la Iglesia. como comunión de vida, y el matrimonio, en cuanto relación amorosa de hombre mujer, es muy peculiar. La Iglesia se entiende a sí misma a través de la metáfora esponsal y maternal.
La relación entre la Iglesia. como comunión de vida, y el matrimonio, en cuanto relación amorosa de hombre mujer, es muy peculiar. La Iglesia se entiende a sí misma a través de la metáfora esponsal y maternal.
Todos reconocen que el género es una construcción social. Lo que implica ser de género masculino o femenino se ha construido culturalmente.
Acaba de llenar las primeras páginas de los medios informativos una boda famosa. Le viene la singularidad tanto notoriedad de los personajes como de la circunstancia de la edad. Las reacciones de los informadores y comentaristas son dispares.
Eugenio Ionesco en una de sus obras cuenta una historia significativa. Dos personas, que no se conocen una a otra, están sentadas en la misma habitación. La conversación va revelando una serie de coincidencias sorprendentes. Viven en el mismo edificio de pisos y apartamentos, en el mismo número… y en la misma letra. Al final resulta que son marido y mujer y que no se conocen el uno al otro.
Hay miles y miles de parejas que son fieles toda la vida, que se enamoran, que se unen, que se acompañan, que se desafían, se perdonan, se reconcilian, que se cuidan y se reconocen, que hacen el amor y construyen la relación de amor.
En nuestros días se han modificado las expectativas con respecto a la vida misma, a lo que se pide y se espera de ella. Falta romanticismo y sobre pragmatismo.
El sacramento del matrimonio significa, representa y comunica el amor íntimo, fiel, creativo, incondicional y total de Cristo por su Iglesia. Es presencia y transparencia del amor de Cristo, no exclusivamente, pero si especialmente en los rasgos mencionados.
Se reconoce que es insuficiente. Pero la formación que prepara para el matrimonio forma parte de la praxis común. No es ahora el momento de entrar a juzgar la calidad de esa preparación. Por parte de las comunidades cristianas hay mucho que mejorar en dicha preparación.
Se refiere al amor conyugal. Es una expresión magnífica. La utiliza el Mensaje de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos. El amor conyugal es un milagro.
La carta de S. Pablo a los Romanos enseña, y la liturgia de Adviento lo recuerda, que la vida es un largo amanecer. La noche está avanzada. El día se echa encima, es hora de despertar (Rm 13, 11-12). De esta forma, llama la atención sobre el momento que se está viviendo.
El Documento de Trabajo preparado para la primera fase del Sínodo de los obispos sobre los “desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización” dedica el segundo capítulo entero a tratar sobre “el conocimiento y la recepción” del mensaje eclesial sobre el matrimonio y la familia.